¿Y si el problema no fuera lo que sientes, sino tu lucha por dejar de sentirlo?

Cuando algo nos molesta, solemos intentar cambiarlo. Si entra demasiada luz por la ventana, bajamos la persiana. Si un ruido nos impide concentrarnos, buscamos la manera de silenciarlo. Si una situación nos incomoda, tratamos de alejarnos de ella.

En muchas ocasiones, estas estrategias funcionan. Podemos modificar nuestro entorno y conseguir que aquello que nos molesta desaparezca.

Pero ¿qué ocurre cuando lo que queremos eliminar no está fuera, sino dentro de nosotros? ¿Qué hacemos cuando lo que nos incomoda es un pensamiento, una emoción o una sensación que no podemos apagar tan fácilmente?

Cuando intentamos dejar de sentir

Imagina que has dejado atrás una relación y sabes que no quieres volver con esa persona. Sin embargo, a veces la echas de menos. Te gustaría dejar de pensar en ella, no sentir nostalgia o no preguntarte si también se acordará de ti.

Intentas distraerte, evitar los recuerdos o convencerte de que ya deberías haberlo superado. Y, aunque a veces funciona, otras veces esos pensamientos vuelven y terminas frustrándote por seguir sintiendo algo que creías que ya no deberías sentir.

¿Y si no necesitas sentirte bien para seguir adelante?

No se trata de resignarse ni de dejar de buscar soluciones, sino de entender que no siempre necesitamos eliminar lo que sentimos para continuar con nuestra vida.

Puedes echar de menos a alguien y, aun así, saber que no quieres volver. Puedes sentir miedo y hacer algo importante para ti. Puedes tener dudas sin necesitar resolverlas todas.

Aceptar lo que sentimos no significa que nos guste ni que queramos sentirlo para siempre. Significa dejar de exigirnos que desaparezca para poder seguir adelante.

Una vida que no dependa de sentirnos bien todo el tiempo

No siempre podemos elegir lo que sentimos, pero sí podemos aprender a relacionarnos con ello de otra manera.

Quizá no necesites dejar de echar de menos a esa persona para empezar una nueva etapa. Quizá no necesites dejar de sentir miedo para atreverte a hacer algo que te importa.

Porque vivir no consiste en conseguir que nunca aparezca el malestar, sino en evitar que la lucha por eliminarlo nos impida disfrutar de aquello que hace que nuestra vida merezca la pena.

Daniela Gesto Lens 

Aceptación y compromiso

El contexto social en el que vivimos nos transmite la idea de que el malestar tiene que ser
eliminado y que no podemos tener una vida plena o ser felices teniendo experiencias
desagradables. Sin embargo, desde la terapia de aceptación y compromiso se pone en duda
esta premisa y se asume que es inevitable que tengamos pensamientos o emociones que
consideramos negativas.


Según esta perspectiva el sufrimiento procede de la evitación e intento de control de estos
eventos desagradables por lo que proponen adoptar una actitud abierta, reflexiva y flexible. Una
metáfora que ejemplifica esta perspectiva es la de la lucha con el con el monstruo (Wilson y
Luciano, 2002)


Este señor vive atado a un monstruo y cuando le ve le genera mucho
malestar. ¿Qué harías tú si fueras este señor?


o Discutir con él y convencerle para que te deje en paz.
o Tirar de la cuerda para que se caiga y entonces continuar con tu
vida.


El problema es que el monstruo es muy fuerte y pesado y no lo consigues. Tampoco puedes
cortar la cuerda ni desatártela cuerda de la muñeca.


¿Es esto lo que haces tú cuando aparece ese pensamiento o emoción que


te molesta? ¿Empiezas a rumiar y a darle vueltas a ese pensamiento o
emoción negativa? ¿Comienzas a luchar con tu monstruo tirando de la
cuerda?


Es natural intentar evitar y controlar estos eventos, pero mientras estamos
inmersas en esta lucha ¿estás atenta a todo lo demás que ocurre en tu
vida? ¿o tienes el foco en aquello que te molesta?


Sin embargo, aunque el monstruo sea muy desagradable y te haga daño,
tenemos que aprender a convivir con él y seguir con tu vida, aceptando que estas emociones y
pensamientos nos acompañarán mientras enfocamos nuestra atención en lo que realmente nos
importa.