
Cuando algo nos molesta, solemos intentar cambiarlo. Si entra demasiada luz por la ventana, bajamos la persiana. Si un ruido nos impide concentrarnos, buscamos la manera de silenciarlo. Si una situación nos incomoda, tratamos de alejarnos de ella.
En muchas ocasiones, estas estrategias funcionan. Podemos modificar nuestro entorno y conseguir que aquello que nos molesta desaparezca.
Pero ¿qué ocurre cuando lo que queremos eliminar no está fuera, sino dentro de nosotros? ¿Qué hacemos cuando lo que nos incomoda es un pensamiento, una emoción o una sensación que no podemos apagar tan fácilmente?
Cuando intentamos dejar de sentir
Imagina que has dejado atrás una relación y sabes que no quieres volver con esa persona. Sin embargo, a veces la echas de menos. Te gustaría dejar de pensar en ella, no sentir nostalgia o no preguntarte si también se acordará de ti.
Intentas distraerte, evitar los recuerdos o convencerte de que ya deberías haberlo superado. Y, aunque a veces funciona, otras veces esos pensamientos vuelven y terminas frustrándote por seguir sintiendo algo que creías que ya no deberías sentir.
¿Y si no necesitas sentirte bien para seguir adelante?
No se trata de resignarse ni de dejar de buscar soluciones, sino de entender que no siempre necesitamos eliminar lo que sentimos para continuar con nuestra vida.
Puedes echar de menos a alguien y, aun así, saber que no quieres volver. Puedes sentir miedo y hacer algo importante para ti. Puedes tener dudas sin necesitar resolverlas todas.
Aceptar lo que sentimos no significa que nos guste ni que queramos sentirlo para siempre. Significa dejar de exigirnos que desaparezca para poder seguir adelante.
Una vida que no dependa de sentirnos bien todo el tiempo
No siempre podemos elegir lo que sentimos, pero sí podemos aprender a relacionarnos con ello de otra manera.
Quizá no necesites dejar de echar de menos a esa persona para empezar una nueva etapa. Quizá no necesites dejar de sentir miedo para atreverte a hacer algo que te importa.
Porque vivir no consiste en conseguir que nunca aparezca el malestar, sino en evitar que la lucha por eliminarlo nos impida disfrutar de aquello que hace que nuestra vida merezca la pena.
Daniela Gesto Lens

