¿Qué es la autocompasión?

¿Eres de los que te castigas o te hablas mal ante un error? ¿Te exiges demasiado para alcanzar tus objetivos y dejas a un lado tu bienestar emocional? ¿Tiendes a culparte cuando las cosas no salen como esperabas?
Si contestaste “Si” a algunas de las preguntas anteriores, te invito a leer este artículo el cual te enseñaré un concepto que te ayudará a verte con una mirada diferente.
La autocompasión busca la felicidad y el bienestar de nosotros mismos, aceptando nuestros fallos y debilidades. Es dejar de buscar la perfección, dejar de vivir deseando ser lo que no somos y esperando que los otros sean como nosotros quisiéramos que fueran.
Es común ser empáticos con personas de nuestro entorno, tratarlos con delicadeza y amor, pero ¿Cómo nos hablamos y tratamos a nosotros mismos?¿Te comportas de la misma manera cuando el que se ha equivocado eres tú mismo?
La mayoría de las veces la respuesta es NO, y hoy te quiero decir que el primer paso para poder sentirte mejor contigo mismo es la autocompasión.

Antes de comenzar, me gustaría aclarar que la autocompasión no significa sentirte débil o darte pena o lástima. Es todo lo contrario, es mirarte con respeto, con compasión y sobretodo con aceptación.


¿Cómo podemos ser más autocompasivos?

  1. No es malo equivocarse: el equivocarte es una oportunidad para darte cuenta que
    estás aprendiendo, entendiendo de manera amable qué fue lo que no funcionó. Tú
    decides si te quieres acompañar desde ese lugar (sin exigencias ni autocastigos) o
    juzgarte y enfadarte contigo mismo.
  2. Se más amable contigo mismo: de la misma manera que tratarías a un ser querido o a un buen amigo, dándote el valor e importancia que mereces.
  3. Hazte consciente sobre cómo te hablas: Todos los días tenemos diálogos internos con nosotros mismos. La mayoría de las veces son automáticos no nos damos cuenta de las connotaciones que utilizamos (negativas o positivas). Prueba a mirar el error o el fallo que has cometido desde una perspectiva mucho más amplia y escucha cómo respondes a esa situación, y comienza tu diálogo interior de manera más asertiva (cambiando el lenguaje interior).
  4. Autoconocimiento: Conocerse a uno mismo es la clave para poder identificar las
    emociones y canalizarlas en dirección a quitar autoculpa y perdonarte.
  5. Atención plena: es un estado mental receptivo que intenta abandonar los prejuicios e implica la experiencia del momento presente sin reprimir los propios sentimientos y pensamientos, pero sin magnificarlos ni identificarse de demasiado con ellos. En lugar de obsesionarnos y fijarnos en lo negativo cuando nos sentimos mal o existe dolor, intenta tener una visión equilibrada del problema.
  6. Humanidad compartida: Date cuenta que no eres el único que sufre o le suceden estos diálogos internos con connotación negativa. Estás rodeado de seres humanos
    imperfectos por lo que no tienes porque buscar ser o alcanzar una perfección o exigencia.
    Todos cometemos errores y sufrimos de alguna manera, ya que somos vulnerables e imperfectos por naturaleza. Así que debemos ser comprensivos con nuestros errores y sufrimientos.
    Te invito a que, con estas herramientas, comiences a trabajar la autocompasión contigo mismo.
    Cuando vengan emociones incómodas a tu mente, no te juzgues, no las escondas; simplemente observarlas y trata de entender su origen para darle un mensaje diferente. Atrévete a comenzar ese diálogo interno positivo contigo mismo y recuerda que tu eres tu lugar seguro.

ESTRÉS, ¿QUÉ ES?, ¿ES BUENO O MALO?

En nuestros días, con el ritmo que llevamos en nuestra sociedad, es muy común escuchar a la gente decir que tiene mucho estrés o está estresado, y es casi siempre con una connotación negativa, es decir, entendemos el estrés como algo malo que nos impide estar bien y tranquilos en nuestra vida. Pero… ¿es así realmente?

El estrés es un conjunto de reacciones fisiológicas que se activan ante determinadas situaciones que suponen un esfuerzo o que nuestro cerebro interpreta como un desafío. Por lo tanto, es la activación necesaria para realizar cualquier actividad. Sin embargo, podemos diferenciar dos tipos de estrés:

  • Eustrés, que se define como dicha respuesta adaptativa de nuestro cuerpo ante situaciones en que percibimos que carecemos de recursos en comparación a las demandas externas, de manera que nos permite prepararnos para poder afrontarlas.
  • Distrés, cuando la respuesta ante estos estímulos es desadaptativa, impidiendo un rendimiento adecuado y provocando una serie de consecuencias perjudiciales, que es lo que comúnmente entendemos por “estrés”.

Por lo tanto, todo el mundo experimenta estrés a veces, un poco de estrés es positivo, pero cuando estos niveles comienzan a convertirse en distrés, a menudo aparecen efectos sobre el cuerpo. Algunos de los síntomas más comunes son:

  • Dolor de cabeza
  • Mala memoria
  • Problemas intestinales (malestar estomacal, diarrea…)
  • Dolores musculo esqueléticos (tensión en cuello, espalda, hombros…)
  • Erupciones en la piel

Cuando este tipo de situaciones se alargan en el tiempo, las consecuencias suelen provocar cambios en la conducta que afectan a la funcionalidad del día a día:

  • Dificultad para concentrarse y/o falta de energía.
  • Irascibilidad, se enfadan con facilidad.
  • Cansancio constante.
  • Insomnio o exceso de sueño.
  • Tristeza, preocupación, culpabilidad…que pueden llevar a problemas de salud mental como ansiedad o depresión.
  • Cambios en el apetito y/o en el peso.
  • Problemas en la conducta sexual.

La mayoría de veces, el estrés está generado por la interpretación que nosotros mismos hacemos de la situación. Es decir, nuestro nivel de estrés variará en función de cómo valoramos nuestras posibilidades de enfrentarnos exitosamente a la situación, por lo tanto, en muchas ocasiones, es una sensación subjetiva. Lo más importante para poder prevenir estas consecuencias es detectar que estamos sufriendo unos altos niveles de estrés, parar y analizar el problema desde otra perspectiva, valorando nuestros recursos reales y las distintas opciones de actuación.

Si este es tu caso, puedes consultar con nuestro equipo de psicólogos. En Ilitía psicología, Psicólogos en Villaverde y Ciudad de los Ángeles en Madrid, podemos ayudarte.

¿Poner límites a nuestros hijos nos separa de tener un apego seguro?

El apego es un término que últimamente parece estar en auge y que cada vez se tiene más en cuenta a la hora de cómo educar a nuestros hijos, pero vamos a concretar un poco más en que se basa este concepto.

El apego es el vínculo que se establece entre el recién nacido y los progenitores. Este vínculo se forja desde que el bebé se encuentra en el vientre de la madre, y en función del tipo de apoyo y la percepción que tiene el bebé de si están cubiertas sus necesidades básicas, se distinguen 4 tipos de apego:

  • Apego seguro: los adultos se perciben como figuras de seguridad y apoyo y se muestran receptivos y disponibles ante las demandas de los hijos. El adulto valida la emoción de su hijo y luego le muestra el apoyo que considera necesario.
  • Apego ansioso o ambivalente: el adulto es inconsistente en sus reacciones con el niño y a veces se muestra excesivamente preocupado, no dejando experimentar el mundo por los riesgos que pueda haber y en otras ocasiones se muestra ausente o enfadado. Esto crea una sensación de angustia en el niño, pues no sabe si puede contar o no con su figura de apego.

Puede desembocar en adultos con cierta dependencia emocional.

  • Apego evitativo: el cuidador se muestra ausente e insensible ante las demandas de su hijo, no validando sus emociones. Esto crea una sensación de falta de seguridad, además de adquirir una sensación de “indefensión aprendida”, pues haga lo que haga el niño, no va a encontrar el consuelo del adulto.

En la etapa adulta suele verse en adultos con incomodidad al compromiso y suelen querer ocultar las emociones (ya que de pequeños no han sido escuchados y validados).

  • Apego desorganizado: es el menos común ya que consiste en figuras de apego excesivamente amenazantes o incluso abusivas, que generan una personalidad insegura y temerosa.

Una vez visto que es el apego, para conseguir que nuestros hijos desarrollen un apego seguro, muchas veces pensamos que lo mejor para lograrlo es que nuestros hijos no sufran ningún rechazo o no les pongamos demasiados límites, ya que son muy susceptibles de desarrollar traumas, sin embargo se ha comprobado que lo que el niño necesita para sentirse seguro es sentir que sus cuidadores estarán ahí para brindarle calidez y seguridad ante las situaciones temidas y validar la emoción que está sintiendo. Dicho en otras palabras, es necesario crear un entorno con límites seguros y ajustados a cada circunstancia, para que el niño sepa que puede y que no puede hacer, es decir tiene que haber una combinación entre límites y afectividad. A veces por cansancio o por el miedo a la reacción que pueda tener nuestro hijo, ya sea llanto o gritos, podemos perder esos límites para satisfacerle y que cese así su conducta y se tranquilice, sin embargo esto hace que se pierdan los límites y se hagan difusos.

            Saber identificar que tipo de apego hemos tenido en nuestra infancia puede darnos respuestas de como nos comportamos en la actualidad con nuestro entorno y que patrones podemos estar repitiendo con nuestros hijos

Siempre estamos a tiempo de tomar conciencia de como nos relacionamos con las personas de nuestro entorno y como nos influyen nuestras experiencias pasadas en nuestro comportamiento con nuestros seres queridos.

Naprotecnología

 Leía hace unas semanas en un artículo “un matrimonio, destrozados por la fecundación in vitro y rescatados por la Naprotecnología” me llenó de curiosidad asique me puse a investigar.

¿Qué es la Naprotecnología?

La Naprotecnología es un abordaje científico de los trastornos reproductivos. Fue desarrollada en los años 80 por el Dr. Thomas W. Hilgers y su equipo en el Instituto Pablo VI para el Estudio de la Reproducción Humana y el Centro Nacional de la Salud de la Mujer, en Omaha, Nebraska, Estados Unidos.

El término Naprotecnología fue acuñado por el Dr. Hilgers y es una combinación de las palabras Natural Procreative Technology, es decir, Tecnología de la Procreación Natural.

El propósito de la Naprotecnología es restaurar la función reproductiva de la pareja para que consigan el embarazo mediante una relación sexual.

¿Cómo funciona?

La Naprotecnología se basa en el diagnosticar y tratar las causas de la infertilidad, tanto del hombre como de la mujer, mediante el estudio y seguimiento del ciclo de fertilidad de la pareja. Se hace a través del método Creighton, un registro ginecológico que estudia diariamente el ciclo de la ovulación de la mujer. Esto permite detectar las alteraciones que se están produciendo en la fertilidad femenina. El método Creighton ayuda a monitorizar, analizar, detectar y diagnosticar las alteraciones que se producen en el ciclo de ovulación de la mujer. Una vez detectado el problema que esta causando la infertilidad se intenta tratar de manera eficaz. También se lleva a cabo un estudio diagnóstico completo del varón para identificar todos los factores que están afectando a su fertilidad y poder llevar a cabo un tratamiento efectivo.

Cuando se llega a un diagnóstico completo de todo lo que está afectando a la fertilidad del hombre y de la mujer, se aplica un plan terapéutico personalizado a cada pareja. En el caso de detectar patologías orgánicas en la mujer se llevan a cabo técnicas quirúrgicas avanzadas que permiten restaurar la fertilidad de la mujer de una forma eficaz.

En resumen, se analiza qué problemas puede haber a través del estudio del ciclo menstrual y se llevan a cabo tratamientos médicos y quirúrgicos si fuera necesario que ayudan al sistema procreativo natural, sin sustituirlo.

Método

Desde que la mujer tiene su primera regla hasta la menopausia, se  producen cambios de carácter cíclico en el ovario, responsables de las variaciones hormonales que ocurren. Esos cambios hormonales son expresados por el cuerpo de la mujer de diferentes formas, y se pueden reconocer con precisión mediante la observación y el registro en diferentes gráficas, según los marcadores que se observen: moco cervical, flujo vaginal, temperatura corporal, tensión mamaria, etc.

Modelo Creighton:

Es un método natural de reconocimiento de la fertilidad basado en la observación del moco cervical y el flujo vaginal. Fue desarrollado por el Dr. Thomas Hilgers a principios de los años 80, a partir de un método de observación del moco cervical llamado Billings.

Las usuarias aprenden a reconocer el fluido vaginal y a registrar estas observaciones en el código del método Creighton en una tabla, a lo largo de varias sesiones individuales con una monitora.

Eficacia

La Naprotecnología ha demostrado en EEUU una eficacia del 60-80% aproximadamente. Cuenta con más de 30 años de estudios y práctica clínica en EEUU. Se aplica mayoritariamente por ginecólogos-cirujanos especializados en esta ciencia que aplican tanto la parte clínica como la parte quirúrgica de la Naprotecnología. Esto les ha permitido llegar a tasas de eficacia, en algunas patologías de hasta el 80%. Se trataría de una buena alternativa al tratamiento de reproducción asistida. No presenta problemas éticos (la fecundación se produce de manera natural dentro del cuerpo de la mujer, no hay manipulación ni selección de embriones y no se recurre a gametos de donantes). Además los embarazos presentan menos complicaciones que los conseguidos por reproducción asistida. La evidencia científica ha demostrado un mayor riesgo de trastornos durante el embarazo, parto pretérmino, niños con bajo peso y con determinados defectos congénitos con las técnicas de reproducción asistida que con el embarazo natural.

La Naprotecnología está implantada no solo en EEUU sino también en Europa. Todos los médicos que la ejercen y las monitoras que enseñan el método Creigthon se han formado en EEUU. En España es muy reciente y actualmente se pueden encontrar dos entidades que ofrecen los servicios de Naprotecnología: Fertilitas y Naprotec.

María Arellano Mercadal. Psicóloga «Ilitía Psicología».

Trastornos de la Conducta alimentaria (TCA), ¿Cómo identificarlos?

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria se definen como un conjunto de alteraciones graves relacionadas con la ingesta de alimentos o con la conducta hacia éstos (preocupación excesiva por el peso y la imagen corporal, miedo a engordar, etc.). Constituyen un problema de salud mental, que afecta principalmente a adolescentes, debido a la vulnerabilidad propia de la etapa vital, unida a la presión social respecto al ideal de belleza. Además, encontramos más casos en mujeres que en hombres.

Aparentemente todos sabemos lo que son y en qué consisten, sin embargo, estos trastornos se van desarrollando de manera progresiva y no siempre llamativa, por lo que es importante conocer sus manifestaciones principales con el objetivo de ponernos alerta.

Cambios en la alimentación:

  • Comienzan dietas de adelgazamiento por su cuenta sin aparente necesidad, suelen ser dietas muy estrictas y sin fecha de fin.
  • Se saltan comidas o ponen excusas para no comer.
  • Evitan comer acompañados.
  • Cocinan sus propias comidas fuera del menú familiar.
  • Disminuyen la cantidad de comida o eliminan alimentos que antes sí comían.
  • Cuentan las calorías de todo lo que ingieren.
  • Realizan visitas al baño después de las comidas.
  • Refieren sentimientos de culpa tras las comidas.

Síntomas físicos:

  • Pérdida de peso sin causa orgánica.
  • Cansancio excesivo, mareos.
  • Desaparición de la menstruación en el caso de las mujeres.

Preocupación excesiva por la imagen corporal

  • Se pesan varias veces al día y se miran al espejo continuamente.Hacen comentarios despectivos hacia su cuerpo o su persona constantemente, mostrando gran insatisfacción personal.

  • Comparan su imagen corporal con la de otras personas, infravalorándose a sí mismos.

Cambios conductuales:

  • Cambios en el estado de ánimo, la gente las encuentra “raros”, más tristes, irritables.
  • Evitan planes sociales, sobre todo los que impliquen comer o mostrar el cuerpo (playa, piscina…), reduciendo así su círculo de amigos.
  • Aumentan la práctica de ejercicio físico de manera exagerada, incluyendo enfado ante imposibilidad de realizarlo o conductas compensatorias si consideran que han comido de más.

Es importante señalar que estos trastornos no indican únicamente un problema con la comida, si no que son un reflejo de problemas psicológicos o emocionales que están detrás y que deben ser objetivo prioritario en el tratamiento para la recuperación y mejora de calidad de vida de los pacientes.

En Ilitía psicología tenemos a los profesionales adecuados que pueden tratar estos casos. Si sospecháis que algún familiar o vosotros mismos puede estar pasando por un TCA podéis contactar con nosotros.

SALUD MENTAL MATERNA

Estos días se ha estado dando visibilidad sobre la importancia del cuidado de la salud mental materna, esa parte tan tabú o escondida de la maternidad.

Son muchas madres que acuden a nuestra consulta en Ilitía Psicología, en Villaverde, Madrid, por diferentes motivos que envuelven ciertos traumas con respecto al embarazo, parto o posparto, o por síntomas relacionados con ansiedad o depresión.

Pese a los avances en este área, aún nos queda mucho por avanzar, como es, una adecuada formación en cuanto a identificación de posibles problemas emocionales o psicológicos por los que pueda estar pasando la madre, así como una adecuada capacidad de comunicación, empatía, escucha y acercamiento a dichas mujeres, por parte de todo el personal sanitario que envuelve la maternidad, así como un aumento de profesionales sanitarios, como psicólogos, que están adecuadamente formados y puedan dar asistencia a estos casos.

Sabemos que el futuro es muy importante, y en él estarán presentes todos esos niños nacidos o por nacer en estos tiempos. Por ello, debemos recodar que una persona no solamente se forma fuera del vientre materno, sino también dentro, y que si tenemos a una mamá que puede gestionar adecuadamente su maternidad (véase búsqueda de embarazo, embarazo, parto y posparto, así como crianza), tendremos una madre que podrá atender mejor a las necesidades de su hijo y un hijo que se desarrollará y crecerá de forma más saludable.

Como sociedad también tenemos la responsabilidad de cuidar de las madres, sin juzgar, apoyando, escuchando y dando espacio a que puedan desarrollarse como madres sin sentirse presionadas por los demás.

¿Cómo estás? o ¿Qué necesitas? son preguntas muy poderosas y necesarias durante este proceso.

Aceptación y compromiso

El contexto social en el que vivimos nos transmite la idea de que el malestar tiene que ser
eliminado y que no podemos tener una vida plena o ser felices teniendo experiencias
desagradables. Sin embargo, desde la terapia de aceptación y compromiso se pone en duda
esta premisa y se asume que es inevitable que tengamos pensamientos o emociones que
consideramos negativas.


Según esta perspectiva el sufrimiento procede de la evitación e intento de control de estos
eventos desagradables por lo que proponen adoptar una actitud abierta, reflexiva y flexible. Una
metáfora que ejemplifica esta perspectiva es la de la lucha con el con el monstruo (Wilson y
Luciano, 2002)


Este señor vive atado a un monstruo y cuando le ve le genera mucho
malestar. ¿Qué harías tú si fueras este señor?


o Discutir con él y convencerle para que te deje en paz.
o Tirar de la cuerda para que se caiga y entonces continuar con tu
vida.


El problema es que el monstruo es muy fuerte y pesado y no lo consigues. Tampoco puedes
cortar la cuerda ni desatártela cuerda de la muñeca.


¿Es esto lo que haces tú cuando aparece ese pensamiento o emoción que


te molesta? ¿Empiezas a rumiar y a darle vueltas a ese pensamiento o
emoción negativa? ¿Comienzas a luchar con tu monstruo tirando de la
cuerda?


Es natural intentar evitar y controlar estos eventos, pero mientras estamos
inmersas en esta lucha ¿estás atenta a todo lo demás que ocurre en tu
vida? ¿o tienes el foco en aquello que te molesta?


Sin embargo, aunque el monstruo sea muy desagradable y te haga daño,
tenemos que aprender a convivir con él y seguir con tu vida, aceptando que estas emociones y
pensamientos nos acompañarán mientras enfocamos nuestra atención en lo que realmente nos
importa.

El estigma de la salud mental

¿Sabías que 1 de cada 4 personas ha sufrido o sufrirá un trastorno mental en su vida? Esta cifra nos indica que el 25% de la población padecerá de una alteración que afectará a su manera de interactuar con las diferentes áreas de su vida, pudiendo afectar al ámbito social, laboral u otras actividades importantes para ellos mismos.

No obstante, pese a esta cifra los problemas asociados con la salud mental se han tratado durante mucho tiempo como un tema tabú, como algo que había que ocultar porque de lo contrario quedaríamos expuestos y, por tanto, se ha visto relegado a segundo plano. Sin embargo, es muy importante remarcar que, cuando hablamos de salud, hablamos de bienestar a nivel físico, mental y social. Sin embargo, ¿cuántas veces tenemos en cuenta estas últimas dos esferas?

Pese a que hoy en día, cada vez hay más concienciación en lo relativo a la salud en su más amplio aspecto, todavía existe un estigma asociado a la salud mental.

El estigma está asociado con creencias falsas que tenemos sobre las enfermedades y afectará a la actitud que tengamos tanto con los demás como con nosotros mismos.

Si nos centramos en los demás, tener una percepción negativa y errónea sobre lo que implica tener un problema de salud mental puede generar algunas conductas discriminatorias, aislamiento de la persona afectada y falta de comprensión del problema. Esto, a su vez, tendrá consecuencias en las otras personas porque tendrán menos apoyo social y empeorará su problema, llevando a que tenga dificultades en otras áreas de su vida, como pueden ser la laboral o la social.

Si nos centramos en nosotros mismos, el estigma nos puede afectar de diversas formas. Para empezar, es más complicado que se busque ayuda o tratamiento dado que se cree que “la situación no puede mejorar”. De hecho, si nos centramos en España, más de la mitad de las personas con trastorno mental que necesitan tratamiento no lo reciben (y en algunos de los casos en los que sí reciben, no es el adecuado).

El estigma asociado a la salud mental es una de las causas por la que muchas personas deciden no buscar ayuda profesional cuando la necesitan. Desde Ilitía Psicología, os queremos acercar la importancia de que se lleve a cabo una labor de concienciación y de información para que conozcamos mejor los trastornos mentales y eliminemos las creencias erróneas asociadas a los mismos. Una mejor comprensión nos permitirá llevar un mejor afrontamiento.

¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD AFECTIVA?

En la actualidad, la difusión por parte de los medios de comunicación, las redes sociales, y la psicología divulgativa ha puesto el termino responsabilidad afectiva en el foco de las atenciones. Hoy nos detenemos a reflexionar sobre el término. Si bien es cierto que el término ha sido más utilizado en la última década, autoras como Deborah Anapol vienen reflexionando sobre este concepto desde la década de los 80. En sus inicios, la forma de pensar la responsabilidad afectiva estaba directamente conectada con otras formas de generar vínculos sexo-afectivos, como pueden ser las relaciones abiertas, o el poliamor (Anapol, 2010).

La responsabilidad afectiva es una propuesta de comportamiento que tiene como eje central el respeto, equilibrio y cuidado mutuo ofreciendo herramientas que refuerzan los vínculos afectivos sanos, proponiendo así una equidad en responsabilidad y cuidados. Cuando establecemos vínculos interpersonales se generan respuestas emocionales que suponen satisfacciones, apegos, confianza, seguridad, pero también, aparecen los miedos, dilemas y conflictos. Por ende, abordando la complejidad de las relaciones humanas, la responsabilidad afectiva surge como respuesta a una posible forma de relacionarnos donde no se trata de negar los miedos y los conflictos, porque forman parte de cualquier relación interpersonal, si no que, a través del cuidado y respeto mutuo con base en una comunicación y empatía, se pueda construir una relación íntima sana y honesta. Si bien en sus orígenes la responsabilidad afectiva dio respuesta a la insatisfacción en vínculos románticos, en la actualidad se ha demostrado que una buena responsabilidad afectiva puede mejorar la calidad de las relaciones interpersonales más allá del ámbito romántico, donde aparecen las relaciones familiares, laborales y amistades, entre otras. Como se ha mencionado, la responsabilidad afectiva es una forma de comportamiento y, por tanto, puede aprenderse y desarrollarse. Por ello, es importante mencionar que la responsabilidad afectiva está directamente conectada con nuestra inteligencia emocional y hay ciertas conductas que se pueden llevar a cabo para poder ir ejercitándola. Una comunicación sincera y honesta, el trazado de límites en las relaciones interpersonales, validar al otro, asumir los conflictos dentro de la relación y evitar el exceso de la racionalización pueden ser algunas de las pautas a llevar a cabo asumiendo la responsabilidad afectiva dentro de nuestros vínculos interpersonales.

Si estás planteándote acudir a terapia o quieres adquirir herramientas que te ayuden a gestionar mejor tus relaciones, en Ilitía Psicología, Psicólogos en Villaverde, Ciudad de los Ángeles, Madrid, nuestro equipo de psicólogos estarán encantados de atenderte.

REFERENCIAS

Anapol, D. (2010). Polyamory in the 21st century: Love and intimacy with

multiple partners. Rowman & Littlefield Publishers.

La soledad

Desde Ilitía Psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid, hemos querido abordar este sentimiento que resulta tan importante de tratar cuando surge en nuestras consultas.

La soledad es un término que todos parecemos conocer o comprender. Muchas veces, al hablar de soledad se hace referencia a esos momentos en los que no hay nadie con nosotros, esos momentos en los que estamos “físicamente” solos. Sin embargo, la soledad no solo implica eso, sino que es un sentimiento que nos puede aparecer tanto cuando estamos solos como cuando estamos acompañados.

Los sentimientos de soledad se caracterizan por un sentimiento de vacío, son momentos en los que, pese a que podamos estar rodeados de gente, nos sentimos incomprendidos y angustiados. Puede generar emociones bastante negativas que nos llevarán a realizar cada vez menos actividades, y pueden provocar, a largo plazo, otros problemas, tanto emocionales como físicos.

Asimismo, la soledad en muchas ocasiones se ve acompañada de pensamientos negativos, como “no le intereso a nadie”, “soy aburrido” o “siento que no me comprenden”. Éstos, influirán en la manera en la que percibimos al resto de personas y en cómo nos relacionamos con el resto.

La soledad puede aparecer en varios momentos de nuestra vida, pudiendo ser ocasional (en aquellos momentos en los que las circunstancias hacen que tengamos un malestar psicológico temporal y nos sintamos solos), o crónica (siendo en este caso, más estable). La soledad puede aparecer como respuesta a momentos complicados de nuestra vida, momentos en los que hay varios cambios. Por ejemplo, en el caso de las personas mayores, podríamos observar cambios en muchas áreas, como puede ser el área laboral (la jubilación), la pérdida de seres queridos o los problemas de salud. Estos factores pueden generar una reducción en nuestras relaciones sociales y, por tanto, un aumento de ese sentimiento de soledad.

Otro ejemplo muy reciente puede ser la pandemia que hemos vivido. Durante el confinamiento, mucha gente tuvo dificultades para mantener el contacto con otras personas, ya sea por carencia de medios electrónico o por el estrés generado por la situación en sí.

Teniendo en cuenta que la soledad puede generar consecuencias negativas en la salud física y emocional de las personas, se deben buscar recursos para poder abordar de mejor manera esta situación como, por ejemplo, las asociaciones que trabajan para reducir la soledad en personas mayores.

Desde la psicología, y desde el equipo de psicólogos de nuestro centro, la soledad se trabaja abordando las siguientes áreas:

  • Mejora de habilidades sociales.
  • Fortalecer la red de apoyo social.
  • Buscando soluciones para aquellas situaciones que podemos controlar y nos estén generando estos sentimientos.
  • Aceptando los cambios de nuestra vida que pueden estar derivando en los sentimientos de soledad.
  • Tratamiento de las distorsiones cognitivas, es decir, de los pensamientos negativos acerca de nosotros mismos o en relación a como creemos que nos perciben los demás.