¿Cómo gestionar la vergüenza?

La vergüenza es esa emoción que llega sin avisar en forma de flashback y a menudo nos hace encogernos de hombros, cerrar los ojos y pensar: “tierra, trágame”. Es la sensación incómoda de querer escondernos y desaparecer durante un buen rato. En ocasiones incluso nos paraliza, a pesar del deseo de actuar. Aunque resulta desagradable y molesta, la vergüenza cumple una función importante en nuestra vida. La pregunta es: ¿para qué nos sirve y cómo podemos mejorar nuestra relación con ella?

¿Qué es la vergüenza?

Su nombre proviene del latín “verecundĭa”, lo que se traduce como indecoroso, perturbador o humillante. En esencia, es la sensación de humillación, de haber hecho algo incorrecto o que socialmente merece ser castigado.

La vergüenza es una emoción secundaria, es decir, no está presente desde el nacimiento. Para que aparezca es necesaria la capacidad de percibirnos a nosotros y al resto como personas con necesidades y pensamientos, y de darnos cuenta de que nuestro comportamiento puede repercutir en los demás. Por eso, a medida que desarrollamos esta capacidad, empezamos a prestar más atención a nuestra imagen y a cómo llegará al resto.

¿Por qué aparece?

Podría decirse, entonces, que la vergüenza es una emoción principalmente social, estrechamente ligada al contexto. Aparece, entre otras cosas, para que:

Actuemos como creemos que se espera que lo hagamos, ya que de lo contrario anticipamos unas consecuencias negativas (que a veces nosotros mismos nos ponemos).

Para no repetir lo que ya hemos hecho y percibimos como no del todo correcto.

Porque quizás nos sentimos mejor si nos corregimos (o fustigamos) por algo de lo que no estamos orgullosos.

Etc.

De esta forma, cuando la vergüenza aparece es porque la hemos asociado a determinadas situaciones. Esto no sucede con emociones primarias como el miedo, que nos acompaña desde el nacimiento y que, aunque también aparece ante ciertas situaciones porque así lo hemos aprendido o asociado, ante otras lo hace de manera más primitiva o filogenética. En el caso de la vergüenza, la introspección es fundamental para que aparezca.

¿Se te ocurre por qué la vergüenza, a pesar de desagradable, también es útil? Imagina cómo sería un mundo en el que a nadie le importara su impacto sobre el resto… Sin embargo, como sucede con casi todo, si no es en su justa medida, puede volverse dañina y problemática, perdiendo su utilidad. En este momento se convierte en un juez constante de todo lo que haces; en vez de guiar, castiga, y hace de cualquier mínimo error algo imperdonable. En estos casos en lugar de impulsarnos a reparar, la vergüenza nos inmoviliza o nos empuja al perfeccionismo.

¿Cómo llevarse mejor con la vergüenza?

A continuación, veremos una pequeña guía para entender mejor la vergüenza y encontrar formas más amables y útiles de gestionarla.

Paso número 1: alcanzar la homeostasis.

Asegúrate de estar bien hidratado/a, comido/a, descansado/a y con un nivel de excitación adecuado (ni muy alto ni a punto de dormirte). Una vez tenemos las constantes vitales en unos niveles estables, vamos a ello.

Paso número 2: invitar a la vergüenza a tomar algo.

Siéntate a hablar con ella, ponle un nombre si es necesario y pregúntale cuándo ha aparecido, ante qué situación y cómo se ha manifestado, con qué forma (sensaciones físicas, pensamientos, imágenes…). Explora tu propia vergüenza y trata de entender cómo te afecta.

Cuando sentimos vergüenza no solemos compartirlo. Sin embargo, la expresión emocional es una de las claves para poder gestionarla. Por tanto, además de hablar con ella y contigo, ¡cuéntaselo a alguien de confianza! Eso sí, recuerda que la inteligencia artificial no es alguien. Quizás te puede ayudar, pero te aseguro que eso que tan raro puede parecer también le ha ocurrido al resto. Todas las personas hemos experimentado (y seguiremos experimentando) vergüenza en algún momento. En cambio, es bastante poco probable que una inteligencia artificial la haya experimentado, ¿verdad?

Paso número 3: ¿puedes hacer algo para cambiar lo que ya ha sucedido?

Quizás puedas disculparte o reparar el daño. Si puedes, ¿te gustaría intentarlo?

Si no es posible, la próxima vez que te encuentres ante la misma situación, ¿qué te gustaría hacer? Puedes ensayar la respuesta que hubieras querido dar, dejando a la vergüenza a un lado. Esto no va a eliminarla, pero te puede preparar para actuar distinto incluso con ella presente.

Paso número 4: no es necesario que te machaques a ti mismo para sentirte mejor.

Como personas humanas que somos, a veces nos equivocamos. De hecho, así aprendemos ¿No será mejor aprender desde el respeto hacia uno mismo que desde el castigo? Estamos constantemente mejorando y aprendiendo, prepárate pues para la nueva situación en la que sientas vergüenza, también para las sensaciones desagradables que aparecen en el intento de actuar diferente y para la posibilidad de aun así no hacerlo como esperabas.

Paso número 5: ¿Cuál es tu mantra?

Tener una o varias frases breves que puedas repetir cuando la vergüenza asome ayudan a anclar otra perspectiva. Ejemplos: “Soy humana y puedo aprender”, “Este error no me define”, “Puedo repararlo y seguir adelante”.

La vergüenza puede ser útil cuando nos orienta hacia la reparación y la convivencia social. Pero cuando actúa como un juez, debemos responder con curiosidad y estrategia, no con castigo. Practica estos pasos con paciencia: cambiar la relación con una emoción lleva tiempo, y eso está bien. Espero que este artículo te resulte útil y puedas empezar a ponerlo en práctica, poco a poco y a tu manera.

REFERENCIAS

Diccionario de psicología de la APA. (2022). Definición de Vergüenza. https://dictionary.apa.org/shame

Zero Psicólogos. (s. f.). Vergüenza: función y manifestaciones de la emoción.https://www.zeropsicologos.com/blog/verguenza-funcion-y-manifest aciones-de-la-emocion

Carlota Carvajal Sutil.

IMPULSIVIDAD, BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN Y REDES SOCIALES: UNA COMBINACIÓN EXPLOSIVA EN ADOLESCENTES.

La adolescencia es una etapa de cambios físicos, psicológicos y sociales intensos. Durante este periodo de tiempo, los jóvenes se enfrentan a retos académicos, familiares y sociales. Estos retos requieren del desarrollo de habilidades que contribuyan a gestionar el estrés, resolver problemas y manejar emociones.

Además, el cerebro de un adolescente sigue en proceso de maduración, lo que afecta, entre otros aspectos, a las áreas encargadas del autocontrol. El conjunto de estos factores hace que los adolescentes puedan ser más impulsivos y presenten una menor tolerancia a la frustración.

Las redes sociales juegan un papel importante en sus vidas, pueden llegar a pasar horas conectados. La suma de la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración y el uso excesivo de las redes sociales puede generar consecuencias negativas y dificultar la adquisición de habilidades necesarias para su crecimiento y desarrollo.

La impulsividad se define como la tendencia a actuar de manera rápida y sin reflexión previa, a menudo sin tener en cuenta las consecuencias de las acciones. Durante la adolescencia, debido a diferentes cambios que se producen a nivel cerebral y hormonal, los chicos y chicas pueden ser más propensos a llevar a cabo comportamientos arriesgados y tomar decisiones impulsivas.

La baja tolerancia a la frustración, por otro lado, se refiere a la dificultad para manejar situaciones que no se desarrollan según las expectativas de la persona. Esto puede generar reacciones desproporcionadas ante pequeños contratiempos y cierta tendencia a evitar situaciones complejas o estresantes. La baja tolerancia a la frustración en los más jóvenes puede estar relacionada a una necesidad de recompensa inmediata o con la falta de estrategias para la regulación emocional.

El uso de las redes sociales ha transformado la manera en que los adolescentes interactúan con el mundo y entre ellos. Éstas, ofrecen recompensas fáciles y rápidas a través de «me gusta» y comentarios, lo que puede favorecer una tendencia a realizar conductas impulsivas. La necesidad de aprobación por parte de sus iguales y la comparación constante con los demás pueden aumentar la insatisfacción consigo mismos y la ansiedad.

Además, el contenido de las redes sociales está diseñado para captar y mantener la atención, lo que puede dificultar la capacidad de los adolescentes para concentrarse en tareas que requieren más esfuerzo y paciencia. Esta exposición constante a estímulos rápidos y recompensas inmediatas puede reducir aún más la tolerancia a la frustración, ya que los adolescentes pueden esperar que las recompensas en la vida real sean tan rápidas como en el entorno.

La combinación de la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración y el uso excesivo de las redes sociales crea un círculo vicioso en el que los adolescentes se ven atrapados.

Esto no solo afecta su bienestar emocional, sino también al desarrollo de habilidades sociales, académicas y de resolución de conflictos.

Es fundamental que tanto los propios adolescentes como sus padres comprendan cómo funciona su cerebro y cómo las redes sociales pueden influir en su comportamiento.

La educación sobre el autocontrol y la regulación emocional puede ser un primer paso crucial.

Las técnicas de regulación emocional ayudan a manejar emociones y pueden contribuir a gestionar situaciones complejas.

Algunas de estas técnicas son la respiración profunda, el “mindfulness” o conseguir cambiar pensamientos que dificulten la adaptación social y familiar por otros que ayuden al adolescente a ajustar sus emociones, expectativas y creencias de la realidad.

El trabajo de autocontrol con diferentes ejercicios que promuevan una toma de decisiones reflexiva, y el control de impulsos, previene que el adolescente lleve a cabo acciones sin tener en cuenta sus consecuencias y repercusiones.

Por último, la gestión de tiempo y establecimiento de límites sobre el uso de dispositivos móviles y redes sociales son esenciales para que el trabajo en control de impulsos y tolerancia a la frustración sea eficiente.

La adolescencia es una etapa compleja. La impulsividad o la baja tolerancia a la frustración en combinación con los efectos negativos de las redes sociales pueden afectar al desarrollo personal y de habilidades en los más jóvenes.

Si crees que tu hijo o hija, o tú mismo necesitas trabajar alguno de estos aspectos, en Ilitía Psicología estaremos encantados de acompañarte en este proceso.

María Suárez Gómez.

¿Qué es la autocompasión?

¿Eres de los que te castigas o te hablas mal ante un error? ¿Te exiges demasiado para alcanzar tus objetivos y dejas a un lado tu bienestar emocional? ¿Tiendes a culparte cuando las cosas no salen como esperabas?
Si contestaste “Si” a algunas de las preguntas anteriores, te invito a leer este artículo el cual te enseñaré un concepto que te ayudará a verte con una mirada diferente.
La autocompasión busca la felicidad y el bienestar de nosotros mismos, aceptando nuestros fallos y debilidades. Es dejar de buscar la perfección, dejar de vivir deseando ser lo que no somos y esperando que los otros sean como nosotros quisiéramos que fueran.
Es común ser empáticos con personas de nuestro entorno, tratarlos con delicadeza y amor, pero ¿Cómo nos hablamos y tratamos a nosotros mismos?¿Te comportas de la misma manera cuando el que se ha equivocado eres tú mismo?
La mayoría de las veces la respuesta es NO, y hoy te quiero decir que el primer paso para poder sentirte mejor contigo mismo es la autocompasión.

Antes de comenzar, me gustaría aclarar que la autocompasión no significa sentirte débil o darte pena o lástima. Es todo lo contrario, es mirarte con respeto, con compasión y sobretodo con aceptación.


¿Cómo podemos ser más autocompasivos?

  1. No es malo equivocarse: el equivocarte es una oportunidad para darte cuenta que
    estás aprendiendo, entendiendo de manera amable qué fue lo que no funcionó. Tú
    decides si te quieres acompañar desde ese lugar (sin exigencias ni autocastigos) o
    juzgarte y enfadarte contigo mismo.
  2. Se más amable contigo mismo: de la misma manera que tratarías a un ser querido o a un buen amigo, dándote el valor e importancia que mereces.
  3. Hazte consciente sobre cómo te hablas: Todos los días tenemos diálogos internos con nosotros mismos. La mayoría de las veces son automáticos no nos damos cuenta de las connotaciones que utilizamos (negativas o positivas). Prueba a mirar el error o el fallo que has cometido desde una perspectiva mucho más amplia y escucha cómo respondes a esa situación, y comienza tu diálogo interior de manera más asertiva (cambiando el lenguaje interior).
  4. Autoconocimiento: Conocerse a uno mismo es la clave para poder identificar las
    emociones y canalizarlas en dirección a quitar autoculpa y perdonarte.
  5. Atención plena: es un estado mental receptivo que intenta abandonar los prejuicios e implica la experiencia del momento presente sin reprimir los propios sentimientos y pensamientos, pero sin magnificarlos ni identificarse de demasiado con ellos. En lugar de obsesionarnos y fijarnos en lo negativo cuando nos sentimos mal o existe dolor, intenta tener una visión equilibrada del problema.
  6. Humanidad compartida: Date cuenta que no eres el único que sufre o le suceden estos diálogos internos con connotación negativa. Estás rodeado de seres humanos
    imperfectos por lo que no tienes porque buscar ser o alcanzar una perfección o exigencia.
    Todos cometemos errores y sufrimos de alguna manera, ya que somos vulnerables e imperfectos por naturaleza. Así que debemos ser comprensivos con nuestros errores y sufrimientos.
    Te invito a que, con estas herramientas, comiences a trabajar la autocompasión contigo mismo.
    Cuando vengan emociones incómodas a tu mente, no te juzgues, no las escondas; simplemente observarlas y trata de entender su origen para darle un mensaje diferente. Atrévete a comenzar ese diálogo interno positivo contigo mismo y recuerda que tu eres tu lugar seguro.