Acompañar sin perderse: el equilibrio emocional en las relaciones de pareja


En toda relación de pareja sana es fundamental construir un espacio emocional donde ambos puedan sentirse acompañados. Sin embargo, es habitual que uno de los miembros termine asumiendo un rol que va más allá del apoyo: el de sostener emocionalmente al otro de forma constante, incluso a costa de su propio bienestar.

Esta dinámica, aunque a menudo surge desde el afecto y la buena voluntad, puede derivar en un desequilibrio profundo si no se establece un límite claro entre acompañar y cargar con las emociones del otro.


Apoyar no es cargar.
Apoyar a tu pareja significa estar presente, escuchar activamente, validar lo que siente y
ofrecer un espacio seguro. Pero no implica responsabilizarte de su estado emocional ni intentar solucionar lo que solo él o ella puede resolver por sí mismo/a. Cuando una persona se convierte en el principal sostén emocional de la otra, se genera una carga que a la larga puede traducirse en agotamiento, frustración o incluso pérdida de identidad. Este tipo de vínculo puede parecer, desde fuera, una expresión de amor incondicional. Sin embargo, el amor genuino no debería implicar dejarse de lado. El verdadero acompañamiento emocional implica respeto mutuo y cuidado compartido, no sacrificio constante.


La importancia del autocuidado en el vínculo.
Una relación saludable es aquella en la que ambos miembros pueden apoyarse mutuamente sin que uno quede relegado al rol de «cuidador». Para ello, es esencial cultivar el autocuidado: reconocer tus propias necesidades emocionales, saber poner límites y comunicarte de forma clara cuando algo comienza a sobrepasarte.
Poner tu bienestar en primer lugar no es egoísmo, es una condición necesaria para poder sostener una relación a largo plazo. Desde ese lugar de equilibrio interno, es posible ofrecer una presencia emocional genuina sin descuidarte.


Responsabilidad afectiva: estar presentes sin invadirnos.
La responsabilidad afectiva es un concepto clave en este contexto. Se refiere a la capacidad de ser conscientes del impacto emocional que tenemos en la otra persona, sin dejar de asumir la propia responsabilidad sobre nuestras emociones y límites. En lugar de volcarnos completamente en lo que el otro necesita, implica preguntarnos también qué necesitamos nosotros, y cómo podemos cuidar el vínculo sin que eso implique perdernos. Ser responsable afectivamente no significa resolver los conflictos del otro, sino estar disponible para acompañar su proceso, siempre desde un lugar compartido y justo. Es poder decir: “Estoy aquí para ti, pero también necesito cuidarme a mí.”


Encontrar el equilibrio
Ninguna relación está exenta de momentos difíciles. Habrá etapas en las que uno de los dos necesite más contención, y otras en las que los roles se inviertan. Pero cuando el desequilibrio se vuelve crónico —cuando siempre es uno quien sostiene y el otro quien es sostenido—, es necesario parar y revisar la dinámica.
Hacer preguntas como:

¿Estoy acompañando o me estoy sobrecargando?
¿Siento que puedo expresar mis límites sin miedo? ¿Estoy dejando de atender mis propias emociones por priorizar las del otro?


Estas reflexiones pueden ser el primer paso para recuperar el equilibrio y construir una relación más consciente, empática y sostenible.


Conclusión
Estar emocionalmente disponible no implica asumir un rol de salvador ni cargar con lo que no te corresponde. El acompañamiento verdadero se da cuando ambos miembros de la pareja pueden sostenerse mutuamente desde el respeto, la autonomía y el cuidado recíproco.
Aprender a acompañar sin anularse no solo es necesario para el bienestar individual, sino también para la salud del vínculo en el largo plazo. Porque solo desde el equilibrio emocional se puede construir un amor que no pese, sino que sostenga de verdad.

Marina Piqueras Torrico.

PRESIÓN SOCIAL E IDENTIDAD EN LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa vital marcada por la transformación, la búsqueda y el descubrimiento de uno mismo. En este proceso, la identidad personal se convierte en un pilar esencial del desarrollo psicológico, emocional y social del individuo. Sin embargo, este proceso de desarrollo puede verse afectado por la presión social.

La presión social es aquello que sentimos cuando hacemos o dejamos de hacer algo por miedo a no encajar, a que no nos acepten, o a parecer diferentes al resto. En este contexto, el grupo de amigos empieza a tener más peso que los padres, y ser parte de algo, sentir que perteneces a un grupo, es una necesidad muy fuerte. Pero el problema comienza cuando para encajar dejamos de ser nosotros mismos.

Durante la adolescencia, tratamos de entender quiénes somos, qué nos gusta, qué pensamos, cómo queremos vestir, qué soñamos… Pero en ese camino, si prestamos más atención a la opinión de los demás, podemos acabar imitando la personalidad de quienes consideramos un referente en lugar de conocernos a fondo y ser quienes realmente queremos ser, lo que puede generar ansiedad, confusión e inseguridades.

Algunos factores que intensifican esta presión social son los siguientes:

  • Redes sociales: llevan a una comparación constante con ideales casi inalcanzables que crean ansiedad, baja autoestima y una sensación de deber encajar en ciertos estándares de belleza, éxito o popularidad.
  • Miedo al rechazo: el hecho de no ser aceptado hace que muchos adolescentes cedan ante conductas grupales que realmente no les representan o ni siquiera les agradan.
  • Familia y entorno cultural: las expectativas familiares, escolares o sociales también pueden condicionar la forma en la que el adolescente se percibe a sí mismo y toma decisiones.

De esta manera, cuando la presión social influye de manera considerable en el proceso de construcción de identidad, los adolescentes pueden experimentar pérdida de autenticidad, baja autoestima, confusión interna, dificultades para tomar decisiones personales, o desarrollar una identidad prestada, basada en lo que otros esperan de ellos. En los casos más severos, esta desconexión interna puede derivar en problemas emocionales, trastornos de ansiedad o depresión.

Por lo tanto, para que la presión social no interfiera en el proceso de desarrollo de la identidad, se debe fomentar la autonomía y el pensamiento crítico. Así, el acompañamiento emocional y crear espacios seguros para la expresión personal son claves para que los adolescentes vivan esta etapa sin perder su esencia. Además, también sería conveniente educar en autoestima y asertividad, valorar la diferencia y la autenticidad como fortalezas o fomentar modelos positivos de individualidad y respeto.

Desde Ilitía Psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid, podemos ayudaros en este proceso.

Ana Martín de Ruedas

Guía para padres: establecer límites para los niños

Establecer límites es una de las tareas más importantes en la crianza de nuestros hijos. Los límites no solo son reglas o restricciones, sino herramientas esenciales para guiar el comportamiento de los niños. Desde temprana edad, los niños necesitan entender qué es aceptable y qué no lo es. Los límites proporcionan seguridad, ya que crean un ambiente estructurado donde el niño sabe lo que se espera de él y las consecuencias de sus acciones. Esta claridad les permite sentir control en su entorno y, a medida que crecen, les enseña responsabilidad y autocontrol.

Los límites también son cruciales para el desarrollo de habilidades sociales. Al aprender a respetar las normas, los niños internalizan valores como el respeto, la empatía y la cooperación, que son esenciales para interactuar con otros en la escuela y más adelante en la vida.

Pautas clave para poner límites de forma efectiva:

1. Firmeza y tranquilidad

Mantén la calma, pero se firme.

La firmeza demuestra al niño que las reglas son importantes y deben ser respetadas, mientras que la calma ayuda a evitar que la situación se convierta en un conflicto emocional. Cuando los niños ven que los padres mantienen su compostura, aprenden a manejar sus propias emociones y a aceptar las reglas sin resistencia.

2. Desaprobar la conducta, no al niño

Dile que la acción está mal, no que él/ella es malo/a.

Como padres es esencial que hagamos una distinción clara entre la conducta y la personalidad del niño. En lugar de decir “Eres un niño malo” cuando el niño hace algo inapropiado, es mejor decir “Eso no está bien” o “Esa conducta no es aceptable”. De esta manera, el niño entiende que el comportamiento no es apropiado, pero su valor como persona no está en duda. Este enfoque fomenta una autoestima positiva mientras se refuerzan los límites.

3. Explicar las normas de forma positiva

Comunica los límites de manera positiva.

No tenemos que enfocarnos solo en lo que no puede hacer, es mejor comunicar las normas de manera positiva. Por ejemplo, en vez de decir “No corras dentro de la casa”, podemos decir “Dentro de la casa caminamos con cuidado”. Este enfoque no solo indica lo que está prohibido, sino también lo que se espera de manera clara y comprensible.

4. Explicar el porqué de las normas

Hazle entender la razón detrás de cada norma.

Los niños son más propensos a aceptar las reglas cuando entienden por qué existen. Explicar de manera simple y adecuada a su edad el motivo detrás de las normas les ayuda a internalizarlas.

4. Consistencia y paciencia

La consistencia es crucial para que los límites sean efectivos. Los niños necesitan saber que las reglas no cambian constantemente, y que siempre hay consecuencias por no seguirlas. Si un límite se establece, debe mantenerse de manera constante para evitar confusión. Además, la paciencia es vital. Los niños no aprenderán a respetar los límites de inmediato, por lo que los padres deben estar preparados para ser firmes, pero comprensivos a lo largo del proceso.

5. El equilibrio entre límites y afecto

Poner límites no debe ser sinónimo de ser estrictos o distantes. Los padres también deben demostrar afecto y cariño a sus hijos. Después de aplicar un límite, es importante ofrecer apoyo emocional, explicando que el amor y la aceptación no dependen de que sigan todas las reglas a la perfección. Este equilibrio asegura que el niño se sienta seguro y amado, mientras aprende a comportarse de manera adecuada.

Conclusión

Establecer límites claros y consistentes es una parte fundamental de la crianza. Ayudan a los niños a sentirse seguros, a desarrollar habilidades sociales, y a aprender a tomar decisiones responsables.  Si quieres aprender a seguir estas pautas puedes visitarnos en Ilitia psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid.

Marina Piqueras Torrico

El dolor de las críticas

Las críticas son una parte inevitable de la vida, todos enfrentamos juicios sobre nuestro comportamiento, habilidades o decisiones. El dolor emocional que provocan las críticas se origina en la percepción de rechazo. Cuando alguien critica nuestras acciones o elecciones, puede parecer que cuestiona nuestra valía como personas. Por ejemplo, un comentario negativo sobre un proyecto en el trabajo puede hacer que una persona sienta que su profesionalismo está siendo atacado. Este tipo de dolor está relacionado con la necesidad humana de pertenencia y aceptación. Al sentirnos atacados, nuestro cerebro activa respuestas similares a las que experimentamos ante el dolor físico, lo que explica por qué las críticas pueden ser tan abrumadoras.

Tipos de críticas

–  Críticas Constructivas: Estas son ofrecidas con la intención de ayudar y mejorar. Por ejemplo, un supervisor que señala áreas de mejora en un informe puede hacerlo de manera que fomente el crecimiento. Sin embargo, incluso estas críticas pueden herir si se comunican de manera brusca.

Críticas Destructivas: Estas suelen ser hirientes y pueden surgir de la envidia o frustración. Por ejemplo, un comentario como “Nunca harás nada bien” puede causar un impacto en la autoestima.

Reacciones Psicológicas

La forma en que reaccionamos ante las críticas varía de persona a persona. Algunas reacciones comunes incluyen:

Defensividad: Muchas personas se sienten atacadas y responden con defensa, lo que puede crear un ciclo de conflicto. Un ejemplo sería alguien que, al recibir una crítica sobre su estilo de trabajo, responde con: “No es tan grave, tú también cometes errores”.

Autoevaluación negativa: Las críticas pueden llevar a una reflexión excesiva y autocrítica. Por ejemplo, tras recibir una crítica, alguien podría pensar: “Siempre cometo los mismos errores, nunca aprenderé”.

Aislamiento: Para algunos, el dolor de las críticas puede llevar al aislamiento social. Una persona puede evitar reuniones o eventos sociales, pensando: “No quiero que me critiquen de nuevo”.

Estrategias para manejar el dolor de las críticas

Técnicas para críticas constructivas:

1. Reenfocar la perspectiva: Aprende a ver las críticas constructivas como oportunidades de aprendizaje. Por ejemplo, transforma un comentario sobre la falta de claridad en una presentación en una oportunidad para mejorar las habilidades de comunicación. Pensamientos como “Esto es un paso para mejorar” pueden ser útiles.

2. Buscar retroalimentación selectiva: Aceptar críticas de personas de confianza puede ser valioso, pero también es importante reconocer que incluso quienes queremos pueden soltar comentarios que duelen. En estos casos, evalúa la intención detrás del comentario y su utilidad. Recuerda que no todas las opiniones son igualmente constructivas. Pensar “valoro la intención detrás de esta crítica, pero tengo derecho a decidir qué me afecta” puede ser un enfoque útil.

Técnicas para críticas destructivas:

1. Practicar la auto-compasión: Aunque algunas críticas pueden provenir de la envidia o frustración de los demás, es fundamental ser amable contigo mismo. Reconocer que todos cometen errores y que la crítica no siempre refleja la verdad sobre ti puede ayudarte a mantener la confianza en ti mismo. Un pensamiento útil podría ser: “no todas las críticas son válidas ni constructivas”.

2. Desarrollar resiliencia: Fortalecer la resiliencia emocional permite manejar mejor las críticas destructivas. Esto implica cultivar una autoestima saludable y aprender a separar la valía personal de la opinión ajena. Recordar que “las críticas no definen quién soy” puede ser un ancla poderosa.

Conclusión

El dolor de las críticas es una experiencia común que puede tener un profundo impacto en nuestra salud emocional. Reconocer y comprender este dolor es el primer paso hacia la sanación. Si quieres trabajar en conseguir una mentalidad abierta y estrategias de afrontamiento, en Ilitia Psicología ofrecemos transformar el dolor en una oportunidad para crecer y fortalecernos.

Marina Piqueras Torrico

Bienestar emocional en vacaciones de verano: Cómo disfrutar y cuidarte

Las vacaciones de verano son una época muy esperada por muchas personas. En esta época estamos deseosos de relajarnos, desconectar de la rutina y recargar energías. Sin embargo, no siempre es fácil gestionar nuestras emociones en este periodo (encontrarnos con nosotros mismos sin un qué hacer, encontrarnos con personas del pasado, estar en contacto con la familia con la que no solemos estar tanto tiempo juntos, etc…).

A continuación, te ofrecemos algunos consejos, para mantener y mejorar tu bienestar emocional durante las vacaciones de verano.

  1. Desconectar del trabajo:
    • Es fundamental desconectar del trabajo en vacaciones. Para ello es importante alejarse del correo electrónico, llamadas o cualquier otra forma de contacto o conexión con el ámbito laboral. Permítete disfrutar del momento presente sin las presiones laborales.
  2. Planifica con flexibilidad:
    • La planificación te puede ayudar a aprovechar bien tus vacaciones, pero es importante no ser muy rígido. Deja lugar a la espontaneidad para poder disfrutar del momento. La flexibilidad es importante para evitar el estrés innecesario.
  3. Practica el autocuidado:
    • Este es esencial siempre, pero especialmente en vacaciones. Dedica tiempo a actividades que te hagan sentir bien, como puede ser leer, darte un baño relajante, practicar yoga, o descansar. Escuchar a tu cuerpo y a tu mente es esencial para mantener un buen estado emocional.
  4. Mantente activo:
    • La actividad física o el deporte no solo es buena para nuestro cuerpo, sino para nuestra salud mental. Aprovecha las primeras horas de la mañana o últimas horas de la tarde para realizar ejercicio al aire libre, si estás en un clima caluroso. La actividad física no tiene por qué ser dura, simplemente caminar, montar en bicicleta o cualquier otra actividad que disfrutes será de utilidad. El ejercicio libera endorfinas, que mejoran el estado de ánimo y reducen el estrés.
  5. Fomenta las relaciones personales:
    • Las vacaciones son perfectas para poder darnos una oportunidad y fortalecer lazos con amigos y familiares. Pasar tiempo de calidad con tus seres queridos creará recuerdos y podrás disfrutar de su compañía (siempre y cuando no sean perjudiciales para ti) . Las relaciones personales positivas son un gran apoyo emocional.
  6. Cuida tu alimentación:
    • En vacaciones es normal que nuestra alimentación se vea alterada, pues comemos más veces fuera de casa y nos permitirnos darnos algunos caprichos que en otras ocasiones quizás no hagamos. Si no tenemos ningún problema médica que lo impide, podemos permitirnos darnos esos caprichos sin ningún remordimiento, pero es importante, a pesar de ello, tratar de continuar llevando una alimentación equilibrada, pues comer bien, influye en cómo nos sentimos. No olvidemos incluir en nuestro menú diario frutas, verduras, y mantenernos hidratados para estar con la energía cargada.
  7. Permítete sentir:
    • Es normal poder sentir diversas emociones durante las vacaciones, pues no siempre tenemos porqué estar sintiendo felicidad, emoción tan relacionada a nivel de expectativas con el periodo vacacional. Permítete sentir sin juzgarte. Reconoce tu emoción y trata de entender la causa. Habla con alguien de confianza si lo necesitas.
  8. Busca ayuda profesional:
    • Si no logras manejar tus emociones, gestionar tus relaciones personales, o sientes que volver a la rutina o gestionar el periodo de vacaciones te ha pasado factura, no dudes en buscar ayuda profesional. En Ilitía Psicología, Psicólogos en Villaverde, Ciudad de los Ángeles, Madrid, tenemos a los profesionales adecuados para ofrecerte herramientas y estrategias para mejorar tu bienstar emocional.

Vencer el Miedo: Cómo Enfrentar tus Temores


El miedo es una emoción universal que todos experimentamos en algún punto de nuestras vidas. Puede presentarse de diversas formas, como miedo al fracaso, miedo a lo desconocido, miedo a la crítica o incluso miedo irracional a cosas cotidianas. Aunque el miedo es una emoción natural, aprender a manejarlo y superarlo es esencial para alcanzar nuestros objetivos y vivir una vida plena.

En este artículo, exploraremos algunas herramientas y te daremos algunas estrategias efectivas para vencer el miedo.

  1. Reconoce y Acepta tu Miedo:
    El primer paso para superar el miedo es reconocerlo y aceptarlo. El miedo es una emoción normal, y no debes sentirte avergonzado por experimentarlo. Aceptar tu miedo te permite enfrentarlo de manera más efectiva.
  2. Comprende tus Miedos:
    Identifica y comprende específicamente qué es lo que te asusta. ¿Es el miedo al fracaso, al rechazo o a lo desconocido? Cuanto más claro sea tu entendimiento de lo que temes, más fácil será abordarlo.
  3. Educación y Conciencia:
    Investiga y aprende sobre el objeto de tu miedo. La información y la comprensión pueden disipar muchos temores irracionales. Conocer más acerca de lo que te preocupa puede ayudarte a verlo desde una perspectiva más realista.
  4. Visualiza el éxito:
    La visualización positiva es una herramienta poderosa para superar el miedo. Cierra los ojos e imagina con detalle un escenario en el que enfrentas tu miedo y lo superas con éxito. Visualizarte a ti mismo triunfando puede aumentar tu confianza y reducir la ansiedad.
  5. Establece Metas Pequeñas:
    Divide tus objetivos en pasos más pequeños y manejables. Esto hace que enfrentar el miedo sea menos abrumador y te permite celebrar los logros a medida que avanzas hacia tu objetivo final.
  6. Cambia tu Diálogo Interno:
    Sé consciente de tu diálogo interno. Sustituye los pensamientos negativos y autocríticos por afirmaciones positivas y alentadoras. Recuerda que el miedo a menudo es más un producto de tu mente que una amenaza real.
  7. Respiración y Relajación:
    Practica técnicas de respiración profunda y relajación para controlar la ansiedad que el miedo puede generar. La meditación y el yoga también son excelentes formas de calmar la mente y el cuerpo.
  8. Aprende de tus fracasos:
    El fracaso es una parte natural de la vida. En lugar de temerlo, considéralo una oportunidad para aprender y crecer. Cada fracaso te acerca un paso más hacia el éxito.
  9. Busca Apoyo:
    Hablar con amigos, familiares o un profesional de la salud mental es muy útil. Compartir tus miedos con alguien de confianza puede proporcionar apoyo emocional y perspectivas valiosas.
  10. Enfrenta tus Miedos Gradualmente: La exposición gradual es una técnica efectiva para superar los miedos. Empieza con pequeños pasos y, a medida que te sientas más cómodo, aumenta gradualmente la intensidad de la exposición.
  11. Superar el miedo lleva tiempo y esfuerzo: No te apresures ni te exijas demasiado. Sé amable contigo mismo mientras trabajas para vencer tus miedos. Con práctica constancia y paciencia, puedes desarrollar la capacidad de enfrentar el miedo y avanzar hacia tus metas y sueños con confianza y valentía. Si te sientes estancado en esta emoción porque la percibes a menudo, en Ilitia Psicología disponemos de psicólogos capacitados para apoyarte a vencer cada uno de tus miedos logrando un mayor bienestar.

¿Quién soy? ¿Por qué a veces siento que no me conozco?

En la publicación anterior hemos visto la importancia de ser compasivos con nosotros mismos;
respetarnos y aceptarnos con nuestros defectos, cambios, talentos y cualidades. Habiendo practicado lo
anterior, es momento de reconstruir la mirada con la que nos vemos.
Puede ser que el enunciado de esta publicación nos lo hayamos preguntado alguna que otra vez, y la realidad es que es difícil conocerse por completo, sin embargo, hablaremos de la importancia de conocerse y
algunas herramientas para lograrlo.
Es normal que nuestro día a día esté lleno de actividades, obligaciones, tareas y deberes que nos
mantienen ocupados todo el tiempo. Muchas veces vivimos sin ningún propósito o motivación,
simplemente “vivimos al día”. Esta sensación de “sentirse perdido” es porque muchas veces
no sabemos quienes somos o a donde vamos. Y es que claro, el día a día es agotador y nos satura. Cuando
llegamos a casa lo último que queremos hacer es preguntarnos ¿Cómo estamos? o ¿Cómo nos sentimos?
Se nos olvida la importancia que tenemos para nosotros mismos.
La Búsqueda de la Identidad:
La identidad es una construcción compleja que se forma a lo largo de nuestras vidas a través de
experiencias, relaciones, valores y creencias. Sin embargo, en ocasiones, podemos sentirnos
desconectados de nosotros mismos o confundidos acerca de nuestra identidad. Esto puede deberse a una
variedad de razones, como influencias externas, expectativas sociales o cambios significativos en la vida.
¿Por qué es importante conocerse a sí mismo?

  • Autenticidad: Conocerte a ti mismo te permite vivir de manera auténtica, alineando tus acciones y
    decisiones con tus valores y deseos personales.
  • Toma de decisiones: Una mayor autoconciencia te ayuda a tomar decisiones más informadas y
    alineadas con tus objetivos y necesidades.
  • Resiliencia: Conocer tus fortalezas y debilidades te hace más resistente frente a los desafíos, ya
    que puedes utilizar tus recursos internos para superar obstáculos.
  • Mejores relaciones: Una comprensión más profunda de ti mismo también mejora tus relaciones
    con los demás, ya que puedes comunicarte de manera más efectiva y establecer conexiones más
    significativas.
    Estrategias para Conocerte Mejor:
  • Autoexamen: Tómate el tiempo para reflexionar sobre tu vida, tus experiencias, tus valores y tus
    metas. Lleva un diario para registrar tus pensamientos y emociones.
  • Pregunta a los demás: A veces, amigos y familiares pueden proporcionar información valiosa
    sobre tus características y comportamientos que quizás no notes por ti mismo.
  • Prueba nuevas experiencias: Sal de tu zona de confort y experimenta cosas nuevas. Esto te
    ayudará a descubrir tus intereses y pasiones ocultos.
  • Aprende de tus errores: En lugar de lamentarte por los errores del pasado, reflexiona sobre lo que
    puedes aprender de ellos. Recuerda que los desafíos son oportunidades de crecimiento.
  • Busca orientación profesional: Considera la posibilidad de trabajar con un terapeuta para explorar
    tus pensamientos y emociones en profundidad. En Ilitía psicología tenemos a los profesionales
    adecuados que pueden ayudarte en tu proceso.
  • Meditación: Esta práctica te puede ayudar a conectarte contigo mismo y a comprender mejor tus
    pensamientos y emociones.
  • Educación continua: Lee libros, toma cursos y busca información sobre temas que te interesen. El
    aprendizaje constante es una excelente manera de descubrir nuevas cosas de ti mismo.
  • Habla contigo mismo: Realiza un ejercicio de autoreflexión regularmente, preguntándote a ti
    mismo quién eres, qué deseas y qué te hace sentir realizado.

Recordemos que el proceso de autodescubrimiento es único para cada persona y puede llevar tiempo. A medida que nos
conozcamos mejor, nos sentiremos más seguro y en sintonía con nosotros mismos, lo que nos permitirá vivir una vida más
plena y satisfactoria.

Aprovecha este emocionante viaje de autodescubrimiento para crecer como individuo
y abrazar tu verdadera esencia.

¿Poner límites a nuestros hijos nos separa de tener un apego seguro?

El apego es un término que últimamente parece estar en auge y que cada vez se tiene más en cuenta a la hora de cómo educar a nuestros hijos, pero vamos a concretar un poco más en que se basa este concepto.

El apego es el vínculo que se establece entre el recién nacido y los progenitores. Este vínculo se forja desde que el bebé se encuentra en el vientre de la madre, y en función del tipo de apoyo y la percepción que tiene el bebé de si están cubiertas sus necesidades básicas, se distinguen 4 tipos de apego:

  • Apego seguro: los adultos se perciben como figuras de seguridad y apoyo y se muestran receptivos y disponibles ante las demandas de los hijos. El adulto valida la emoción de su hijo y luego le muestra el apoyo que considera necesario.
  • Apego ansioso o ambivalente: el adulto es inconsistente en sus reacciones con el niño y a veces se muestra excesivamente preocupado, no dejando experimentar el mundo por los riesgos que pueda haber y en otras ocasiones se muestra ausente o enfadado. Esto crea una sensación de angustia en el niño, pues no sabe si puede contar o no con su figura de apego.

Puede desembocar en adultos con cierta dependencia emocional.

  • Apego evitativo: el cuidador se muestra ausente e insensible ante las demandas de su hijo, no validando sus emociones. Esto crea una sensación de falta de seguridad, además de adquirir una sensación de “indefensión aprendida”, pues haga lo que haga el niño, no va a encontrar el consuelo del adulto.

En la etapa adulta suele verse en adultos con incomodidad al compromiso y suelen querer ocultar las emociones (ya que de pequeños no han sido escuchados y validados).

  • Apego desorganizado: es el menos común ya que consiste en figuras de apego excesivamente amenazantes o incluso abusivas, que generan una personalidad insegura y temerosa.

Una vez visto que es el apego, para conseguir que nuestros hijos desarrollen un apego seguro, muchas veces pensamos que lo mejor para lograrlo es que nuestros hijos no sufran ningún rechazo o no les pongamos demasiados límites, ya que son muy susceptibles de desarrollar traumas, sin embargo se ha comprobado que lo que el niño necesita para sentirse seguro es sentir que sus cuidadores estarán ahí para brindarle calidez y seguridad ante las situaciones temidas y validar la emoción que está sintiendo. Dicho en otras palabras, es necesario crear un entorno con límites seguros y ajustados a cada circunstancia, para que el niño sepa que puede y que no puede hacer, es decir tiene que haber una combinación entre límites y afectividad. A veces por cansancio o por el miedo a la reacción que pueda tener nuestro hijo, ya sea llanto o gritos, podemos perder esos límites para satisfacerle y que cese así su conducta y se tranquilice, sin embargo esto hace que se pierdan los límites y se hagan difusos.

            Saber identificar que tipo de apego hemos tenido en nuestra infancia puede darnos respuestas de como nos comportamos en la actualidad con nuestro entorno y que patrones podemos estar repitiendo con nuestros hijos

Siempre estamos a tiempo de tomar conciencia de como nos relacionamos con las personas de nuestro entorno y como nos influyen nuestras experiencias pasadas en nuestro comportamiento con nuestros seres queridos.

¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD AFECTIVA?

En la actualidad, la difusión por parte de los medios de comunicación, las redes sociales, y la psicología divulgativa ha puesto el termino responsabilidad afectiva en el foco de las atenciones. Hoy nos detenemos a reflexionar sobre el término. Si bien es cierto que el término ha sido más utilizado en la última década, autoras como Deborah Anapol vienen reflexionando sobre este concepto desde la década de los 80. En sus inicios, la forma de pensar la responsabilidad afectiva estaba directamente conectada con otras formas de generar vínculos sexo-afectivos, como pueden ser las relaciones abiertas, o el poliamor (Anapol, 2010).

La responsabilidad afectiva es una propuesta de comportamiento que tiene como eje central el respeto, equilibrio y cuidado mutuo ofreciendo herramientas que refuerzan los vínculos afectivos sanos, proponiendo así una equidad en responsabilidad y cuidados. Cuando establecemos vínculos interpersonales se generan respuestas emocionales que suponen satisfacciones, apegos, confianza, seguridad, pero también, aparecen los miedos, dilemas y conflictos. Por ende, abordando la complejidad de las relaciones humanas, la responsabilidad afectiva surge como respuesta a una posible forma de relacionarnos donde no se trata de negar los miedos y los conflictos, porque forman parte de cualquier relación interpersonal, si no que, a través del cuidado y respeto mutuo con base en una comunicación y empatía, se pueda construir una relación íntima sana y honesta. Si bien en sus orígenes la responsabilidad afectiva dio respuesta a la insatisfacción en vínculos románticos, en la actualidad se ha demostrado que una buena responsabilidad afectiva puede mejorar la calidad de las relaciones interpersonales más allá del ámbito romántico, donde aparecen las relaciones familiares, laborales y amistades, entre otras. Como se ha mencionado, la responsabilidad afectiva es una forma de comportamiento y, por tanto, puede aprenderse y desarrollarse. Por ello, es importante mencionar que la responsabilidad afectiva está directamente conectada con nuestra inteligencia emocional y hay ciertas conductas que se pueden llevar a cabo para poder ir ejercitándola. Una comunicación sincera y honesta, el trazado de límites en las relaciones interpersonales, validar al otro, asumir los conflictos dentro de la relación y evitar el exceso de la racionalización pueden ser algunas de las pautas a llevar a cabo asumiendo la responsabilidad afectiva dentro de nuestros vínculos interpersonales.

Si estás planteándote acudir a terapia o quieres adquirir herramientas que te ayuden a gestionar mejor tus relaciones, en Ilitía Psicología, Psicólogos en Villaverde, Ciudad de los Ángeles, Madrid, nuestro equipo de psicólogos estarán encantados de atenderte.

REFERENCIAS

Anapol, D. (2010). Polyamory in the 21st century: Love and intimacy with

multiple partners. Rowman & Littlefield Publishers.

La importancia de poner límites

Poner límites significa hacer saber a las personas que nos rodean qué queremos y necesitamos. Consiste en expresar nuestros preferencias, prioridades y sentimientos sin dejar de tener en cuenta los de los demás, sin olvidarnos de lo que piensan y sienten los otros.

Los límites de una persona, según Edward Hall y Robert Sommer, son un lugar donde nos sentimos mental y físicamente protegidos, un espacio personal que va más allá de un territorio físico.

¿Por qué en ocasiones es tan difícil poner límites?

Es común que en nuestro día a día, en ocasiones, otras personas o incluso nosotros mismos, atravesemos esa frontera personal que definen nuestros límites, llevándonos a momentos y situaciones que nos generan malestar. Estas situaciones, si se producen de manera frecuente,  nos pueden llegar a producir un malestar constante y a deteriorar la relación con nosotros mismos (nuestra autoestima) y con los demás.

Las causas más comunes de que desarrollemos y mantengamos comportamientos en los que dejamos de dar valor a nuestros límites son:

  • Miedo al rechazo: pensar que no acceder a una petición de otra persona puede conllevar un deterioro o ruptura de la relación. Convendría cuestionar aquí en primer lugar si esto es una posibilidad real y, en segundo lugar, de ser así, cuánto de positiva es esta relación para nuestra vida si su estabilidad depende de sobrepasar nuestros propios límites
  • Sentirnos culpables por decir “no”, priorizando así las necesidades del otro sobre las nuestras propias: frecuentemente este sentimiento de culpa va acompañado de pensamientos y creencias como “soy una mala persona”, “soy un egoísta”, etc. por no acceder a alguna petición.
  • Hacernos responsables de todo lo que pasa a nuestro alrededor: cuando, consciente o inconscientemente, nos cargamos con la responsabilidad de solucionar lo que sucede en nuestro entorno, es frecuente que sobrepasemos nuestros límites, con el consiguiente desgaste temporal y energético.

¿Cómo poner límites?

Poner límites de manera exitosa es una de las maneras más eficaces de mejorar la relación con uno mismo y con los demás. Si no es una conducta establecida en tu repertorio conductual, es posible que necesite de cierto entrenamiento. Desde nuestra consulta de psicología en Villaverde, podemos darte algunas claves que te ayudarán a mejorar esta faceta tan importante en las relaciones sociales.

Conócete a ti mismo, comprende tus necesidades, prioridades y preferencias. Lo que coloquialmente son tus líneas rojas. Para ello, observa tus reacciones emocionales antes las circunstancias que ocurren en tu contexto

Analiza tu pasado y tu presente. Conoce qué beneficios has obtenido después de no poner límites y analiza si podrías haber actuado de otra manera y los posibles resultados alternativos de ese modo de actuar.

Cuestiona tus creencias rígidas. Pon en tela de juicio esos pensamientos sobre “ser un egoísta” por decir no o la necesidad de responsabilizarte de todo lo que pasa a tu alrededor.

Exponte a decir “no” en pequeños pasos. Primero con pequeñas acciones para ir incorporándolo a tu repertorio conductual, para después poder generalizarlo.

Ponte como prioridad. Por supuesto, siendo flexible. Lo deseable es que nuestro comportamiento esté adaptado a los requerimientos de la situación.

Toma decisiones sin esperar la validación de los demás. Confía en tu propio criterio y tu proceso de toma de decisiones, sin dejar de consultar cuando sea necesario, pero no siempre.

Acepta cuando otros te dicen “no”. Si reconoces la importancia de poner límites, sabrás gestionar mejor cuando eres tú quien recibe el “no” por respuesta.

Entrena la comunicación asertiva: para poner límites de manera efectiva, es necesario controlar las emociones. No dejarse llevar por el enfado o la ira, si no marcarlos de manera firme y calmada. Para ello hay que entrenar comunicar nuestras preferencias y deseos sin sobrepasar los de los demás. 

Involúcrate en relaciones sanas y equilibradas. Es posible que alguna de tus relaciones estuviera sostenida, precisamente, por tu falta de habilidad para poner límites. Si esto es así, no tengas miedo en reducir el peso de esta relación en tu vida e involúcrate con personas que respeten tus límites y sepan hacer que respetes los suyos. Tus relaciones comenzarán a ser más equilibradas.

Busca ayuda profesional. Si lo necesitas, un profesional de la psicología puede ayudarte a realizar todo este trabajo. No dudes pedirnos una primera cita, nuestro equipo de psicólogos estará encantado de ayudarte.