
Ser padre no viene con manual de instrucciones, y cuando un hijo empieza a mostrar conductas desafiantes —rebeldía, impulsividad, agresividad, desobediencia o aislamiento— es normal que aparezcan la preocupación, la frustración y hasta la culpa. Y aquí es cuando muchos padres se preguntan:
“¿Será una etapa o algo más profundo?”
“¿Estoy haciendo algo mal?”
La realidad es que el comportamiento de los niños y adolescentes siempre comunica algo, aunque a veces no lo sepamos interpretar. Detrás de una rabieta, un portazo o una respuesta desafiante puede haber emociones no expresadas, dificultades para manejar la frustración, miedos o inseguridades que necesitan ser comprendidos.
La psicoterapia como espacio de comprensión y cambio
La psicoterapia infantil y adolescente busca entender qué hay detrás de de ésta conducta que consideramos problemática para poder intervenir sobre ella. A través del vínculo terapéutico, el profesional ayuda al menor a:
- Reconocer y expresar sus emociones de forma más sana.
- Desarrollar habilidades para resolver conflictos y comunicarse mejor.
- Aumentar su autoestima y sentido de control sobre sí mismo.
- Aprender estrategias para manejar la impulsividad, la frustración o la ira.
El trabajo terapéutico se adapta a la edad y las necesidades de cada niño: con los más pequeños, se utiliza el juego como vía de expresión; con los adolescentes, se trabaja desde un diálogo cercano y sin juicios que les permita sentirse escuchados y comprendidos.
El papel de la familia
La psicoterapia no solo implica al niño: los padres son una parte fundamental del proceso.
A través del acompañamiento y la orientación familiar, se ofrece a los cuidadores herramientas para:
- Comprender el origen de las conductas problemáticas.
- Establecer límites claros sin perder el vínculo afectivo.
- Mejorar la comunicación y la convivencia en casa.
- Reforzar los logros del niño o adolescente fuera del espacio terapéutico.
Cuando familia y terapeuta trabajan en equipo, los cambios son más sólidos y duraderos.
Pedir ayuda no es un fracaso, es un acto de cuidado,
Buscar apoyo psicológico no significa que algo esté “mal” con tu hijo, sino que quieres ayudarlo a crecer con más recursos emocionales.
Cuanto antes se intervenga, más fácil será prevenir que las conductas se consoliden y se conviertan en un patrón de sufrimiento o conflicto.
La psicoterapia ofrece un espacio seguro para que los niños y adolescentes aprendan a conocerse, gestionen mejor sus emociones y construyan relaciones más sanas consigo mismos y con los demás.
Y para los padres, es una oportunidad para recuperar la calma y sentirse acompañados en el proceso.
La conducta no es el problema, sino una forma de expresar lo que aún no se sabe decir con palabras.
En Ilitía Psicología, Psicólogos en Villaverde, Madrid, empleamos la psicoterapia para ayudar a traducir ese lenguaje emocional, fortalecer vínculos y construir un entorno donde el bienestar sea posible.
Betania Nze Montalbán.



