Cuando el comportamiento habla: la importancia de la psicoterapia en niños y adolescentes con dificultades de conducta

Ser padre no viene con manual de instrucciones, y cuando un hijo empieza a mostrar conductas desafiantes —rebeldía, impulsividad, agresividad, desobediencia o aislamiento— es normal que aparezcan la preocupación, la frustración y hasta la culpa. Y aquí es cuando muchos padres se preguntan:

“¿Será una etapa o algo más profundo?”

“¿Estoy haciendo algo mal?”

La realidad es que el comportamiento de los niños y adolescentes siempre comunica algo, aunque a veces no lo sepamos interpretar. Detrás de una rabieta, un portazo o una respuesta desafiante puede haber emociones no expresadas, dificultades para manejar la frustración, miedos o inseguridades que necesitan ser comprendidos.

La psicoterapia como espacio de comprensión y cambio

La psicoterapia infantil y adolescente busca entender qué hay detrás de de ésta conducta que consideramos problemática para poder intervenir sobre ella. A través del vínculo terapéutico, el profesional ayuda al menor a:

  • Reconocer y expresar sus emociones de forma más sana.
  • Desarrollar habilidades para resolver conflictos y comunicarse mejor.
  • Aumentar su autoestima y sentido de control sobre sí mismo.
  • Aprender estrategias para manejar la impulsividad, la frustración o la ira.

El trabajo terapéutico se adapta a la edad y las necesidades de cada niño: con los más pequeños, se utiliza el juego como vía de expresión; con los adolescentes, se trabaja desde un diálogo cercano y sin juicios que les permita sentirse escuchados y comprendidos.

El papel de la familia

La psicoterapia no solo implica al niño: los padres son una parte fundamental del proceso.

A través del acompañamiento y la orientación familiar, se ofrece a los cuidadores herramientas para:

  • Comprender el origen de las conductas problemáticas.
  • Establecer límites claros sin perder el vínculo afectivo.
  • Mejorar la comunicación y la convivencia en casa.
  • Reforzar los logros del niño o adolescente fuera del espacio terapéutico.

Cuando familia y terapeuta trabajan en equipo, los cambios son más sólidos y duraderos.

Pedir ayuda no es un fracaso, es un acto de cuidado,

Buscar apoyo psicológico no significa que algo esté “mal” con tu hijo, sino que quieres ayudarlo a crecer con más recursos emocionales.

Cuanto antes se intervenga, más fácil será prevenir que las conductas se consoliden y se conviertan en un patrón de sufrimiento o conflicto.

La psicoterapia ofrece un espacio seguro para que los niños y adolescentes aprendan a conocerse, gestionen mejor sus emociones y construyan relaciones más sanas consigo mismos y con los demás.

Y para los padres, es una oportunidad para recuperar la calma y sentirse acompañados en el proceso.

La conducta no es el problema, sino una forma de expresar lo que aún no se sabe decir con palabras.

En Ilitía Psicología, Psicólogos en Villaverde, Madrid, empleamos la psicoterapia para ayudar a traducir ese lenguaje emocional, fortalecer vínculos y construir un entorno donde el bienestar sea posible.

Betania Nze Montalbán.

PRESIÓN SOCIAL E IDENTIDAD EN LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa vital marcada por la transformación, la búsqueda y el descubrimiento de uno mismo. En este proceso, la identidad personal se convierte en un pilar esencial del desarrollo psicológico, emocional y social del individuo. Sin embargo, este proceso de desarrollo puede verse afectado por la presión social.

La presión social es aquello que sentimos cuando hacemos o dejamos de hacer algo por miedo a no encajar, a que no nos acepten, o a parecer diferentes al resto. En este contexto, el grupo de amigos empieza a tener más peso que los padres, y ser parte de algo, sentir que perteneces a un grupo, es una necesidad muy fuerte. Pero el problema comienza cuando para encajar dejamos de ser nosotros mismos.

Durante la adolescencia, tratamos de entender quiénes somos, qué nos gusta, qué pensamos, cómo queremos vestir, qué soñamos… Pero en ese camino, si prestamos más atención a la opinión de los demás, podemos acabar imitando la personalidad de quienes consideramos un referente en lugar de conocernos a fondo y ser quienes realmente queremos ser, lo que puede generar ansiedad, confusión e inseguridades.

Algunos factores que intensifican esta presión social son los siguientes:

  • Redes sociales: llevan a una comparación constante con ideales casi inalcanzables que crean ansiedad, baja autoestima y una sensación de deber encajar en ciertos estándares de belleza, éxito o popularidad.
  • Miedo al rechazo: el hecho de no ser aceptado hace que muchos adolescentes cedan ante conductas grupales que realmente no les representan o ni siquiera les agradan.
  • Familia y entorno cultural: las expectativas familiares, escolares o sociales también pueden condicionar la forma en la que el adolescente se percibe a sí mismo y toma decisiones.

De esta manera, cuando la presión social influye de manera considerable en el proceso de construcción de identidad, los adolescentes pueden experimentar pérdida de autenticidad, baja autoestima, confusión interna, dificultades para tomar decisiones personales, o desarrollar una identidad prestada, basada en lo que otros esperan de ellos. En los casos más severos, esta desconexión interna puede derivar en problemas emocionales, trastornos de ansiedad o depresión.

Por lo tanto, para que la presión social no interfiera en el proceso de desarrollo de la identidad, se debe fomentar la autonomía y el pensamiento crítico. Así, el acompañamiento emocional y crear espacios seguros para la expresión personal son claves para que los adolescentes vivan esta etapa sin perder su esencia. Además, también sería conveniente educar en autoestima y asertividad, valorar la diferencia y la autenticidad como fortalezas o fomentar modelos positivos de individualidad y respeto.

Desde Ilitía Psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid, podemos ayudaros en este proceso.

Ana Martín de Ruedas

IMPULSIVIDAD, BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN Y REDES SOCIALES: UNA COMBINACIÓN EXPLOSIVA EN ADOLESCENTES.

La adolescencia es una etapa de cambios físicos, psicológicos y sociales intensos. Durante este periodo de tiempo, los jóvenes se enfrentan a retos académicos, familiares y sociales. Estos retos requieren del desarrollo de habilidades que contribuyan a gestionar el estrés, resolver problemas y manejar emociones.

Además, el cerebro de un adolescente sigue en proceso de maduración, lo que afecta, entre otros aspectos, a las áreas encargadas del autocontrol. El conjunto de estos factores hace que los adolescentes puedan ser más impulsivos y presenten una menor tolerancia a la frustración.

Las redes sociales juegan un papel importante en sus vidas, pueden llegar a pasar horas conectados. La suma de la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración y el uso excesivo de las redes sociales puede generar consecuencias negativas y dificultar la adquisición de habilidades necesarias para su crecimiento y desarrollo.

La impulsividad se define como la tendencia a actuar de manera rápida y sin reflexión previa, a menudo sin tener en cuenta las consecuencias de las acciones. Durante la adolescencia, debido a diferentes cambios que se producen a nivel cerebral y hormonal, los chicos y chicas pueden ser más propensos a llevar a cabo comportamientos arriesgados y tomar decisiones impulsivas.

La baja tolerancia a la frustración, por otro lado, se refiere a la dificultad para manejar situaciones que no se desarrollan según las expectativas de la persona. Esto puede generar reacciones desproporcionadas ante pequeños contratiempos y cierta tendencia a evitar situaciones complejas o estresantes. La baja tolerancia a la frustración en los más jóvenes puede estar relacionada a una necesidad de recompensa inmediata o con la falta de estrategias para la regulación emocional.

El uso de las redes sociales ha transformado la manera en que los adolescentes interactúan con el mundo y entre ellos. Éstas, ofrecen recompensas fáciles y rápidas a través de «me gusta» y comentarios, lo que puede favorecer una tendencia a realizar conductas impulsivas. La necesidad de aprobación por parte de sus iguales y la comparación constante con los demás pueden aumentar la insatisfacción consigo mismos y la ansiedad.

Además, el contenido de las redes sociales está diseñado para captar y mantener la atención, lo que puede dificultar la capacidad de los adolescentes para concentrarse en tareas que requieren más esfuerzo y paciencia. Esta exposición constante a estímulos rápidos y recompensas inmediatas puede reducir aún más la tolerancia a la frustración, ya que los adolescentes pueden esperar que las recompensas en la vida real sean tan rápidas como en el entorno.

La combinación de la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración y el uso excesivo de las redes sociales crea un círculo vicioso en el que los adolescentes se ven atrapados.

Esto no solo afecta su bienestar emocional, sino también al desarrollo de habilidades sociales, académicas y de resolución de conflictos.

Es fundamental que tanto los propios adolescentes como sus padres comprendan cómo funciona su cerebro y cómo las redes sociales pueden influir en su comportamiento.

La educación sobre el autocontrol y la regulación emocional puede ser un primer paso crucial.

Las técnicas de regulación emocional ayudan a manejar emociones y pueden contribuir a gestionar situaciones complejas.

Algunas de estas técnicas son la respiración profunda, el “mindfulness” o conseguir cambiar pensamientos que dificulten la adaptación social y familiar por otros que ayuden al adolescente a ajustar sus emociones, expectativas y creencias de la realidad.

El trabajo de autocontrol con diferentes ejercicios que promuevan una toma de decisiones reflexiva, y el control de impulsos, previene que el adolescente lleve a cabo acciones sin tener en cuenta sus consecuencias y repercusiones.

Por último, la gestión de tiempo y establecimiento de límites sobre el uso de dispositivos móviles y redes sociales son esenciales para que el trabajo en control de impulsos y tolerancia a la frustración sea eficiente.

La adolescencia es una etapa compleja. La impulsividad o la baja tolerancia a la frustración en combinación con los efectos negativos de las redes sociales pueden afectar al desarrollo personal y de habilidades en los más jóvenes.

Si crees que tu hijo o hija, o tú mismo necesitas trabajar alguno de estos aspectos, en Ilitía Psicología estaremos encantados de acompañarte en este proceso.

María Suárez Gómez.

Rabietas infantiles: Guía para acompañar y enseñar.

Las rabietas son una parte natural del desarrollo infantil. Son momentos intensos que reflejan emociones que los niños aún no saben gestionar. Aunque pueden ser desafiantes para los padres, también representan una valiosa oportunidad para enseñar habilidades emocionales y fortalecer el vínculo con los hijos. Sin embargo, ser el soporte emocional de un hijo no significa asumir toda la responsabilidad de sus emociones, sino guiarlo para que aprenda a manejarlas. Aquí, compartimos cómo hacerlo de manera efectiva.

1. Permite que tu hijo sienta sus emociones

Para que los niños crezcan emocionalmente independientes, necesitan vivir y experimentar sus emociones. Tu papel no es evitar que se sientan frustrados, tristes o enfadados, sino acompañarlos mientras atraviesan esas emociones. 

Por ejemplo: «Entiendo que te sientas muy molesto porque querías seguir jugando. Está bien sentirse así.»

Al validar lo que siente, le enseñas que las emociones son normales y necesarias, y que no hay nada malo en experimentarlas.

2. Sé un modelo de regulación emocional

Los niños aprenden observando a los adultos. Mantener la calma durante una rabieta les enseña cómo gestionar emociones intensas. Esto no significa que debas resolver el problema por ellos, sino que seas un ejemplo de serenidad y autocontrol.

Por ejemplo: Si tu hija empieza a gritar porque no quiere recoger los juguetes, en lugar de reaccionar con enojo, respira hondo y dile: «Sé que no quieres recoger ahora porque estabas divirtiéndote mucho, pero es importante que guardemos las cosas.”

Tu actitud le muestra que las emociones pueden manejarse con calma y respeto.

3. Desaprobar la conducta, no al niño

Es fundamental dejar claro que lo que está mal es el comportamiento, no el niño como persona. Esto protege su autoestima mientras les ayudas a comprender las normas. 

Por ejemplo: En lugar de decir: «Eres malo por empujar,»
Di: «Empujar no está bien. Aquí usamos las manos para ayudar, no para hacer daño.»

Esto les permite reconocer el error sin sentirse etiquetados de manera negativa.

4. Expresar normas de forma positiva

Los límites son necesarios, pero cómo los comunicamos puede marcar la diferencia. En lugar de decir lo que no deben hacer, diles lo que sí deben hacer y por qué. 

Por ejemplo: En lugar de: «No grites,»
Di: «Hablemos en voz baja para que podamos entendernos mejor.»

Este enfoque ayuda a los niños a interiorizar las normas de una forma constructiva.

5. No intervengas de inmediato; observa señales de contacto

Permite que pase por la emoción, dale espacio, pero mantente cerca para ofrecer apoyo si lo necesita. Cuando busque contacto contigo, ya sea mirándote, levantando los brazos o acercándose, aprovecha para intervenir con calma y empatía. No se trata de resolver la situación por ellos, sino de guiarlos y estar presente. 

Por ejemplo: Si tu hijo está llorando en el suelo, quédate a una distancia corta (unos dos metros) y observa. Cuando busque contacto, acércate y ofrécele consuelo:
«Estoy aquí contigo. Sé que es difícil. ¿Quieres un abrazo?»

Este enfoque enseña que las emociones son pasajeras y que tú estarás ahí para guiarlo, pero no para eliminar sus sentimientos.

6. Comunicación y amor incondicional

Después de que la rabieta pase, refuerza el límite y recuerda a tu hijo que el amor no depende de su comportamiento. 

Por ejemplo: «Te enfadaste porque no querías irte del parque, pero era momento de irnos. Aunque te sientas así, siempre te querré y estoy aquí para ayudarte.»

Este mensaje reafirma su seguridad emocional y refuerza el aprendizaje de las normas.

Recuerda, ser el soporte emocional de tu hijo no significa cargar con sus emociones ni resolver todo por ellos. Es ser una guía que les acompaña y enseña a manejar sus emociones de forma sana. Las rabietas son desafíos temporales, pero el aprendizaje emocional que surge de ellas es duradero. Si quieres que tu hijo crezca con las herramientas necesarias para enfrentar el mundo, en Ilitia Psicología estaremos encantados de atenderte. 

Marina Piqueras Torrico

Guía para padres: establecer límites para los niños

Establecer límites es una de las tareas más importantes en la crianza de nuestros hijos. Los límites no solo son reglas o restricciones, sino herramientas esenciales para guiar el comportamiento de los niños. Desde temprana edad, los niños necesitan entender qué es aceptable y qué no lo es. Los límites proporcionan seguridad, ya que crean un ambiente estructurado donde el niño sabe lo que se espera de él y las consecuencias de sus acciones. Esta claridad les permite sentir control en su entorno y, a medida que crecen, les enseña responsabilidad y autocontrol.

Los límites también son cruciales para el desarrollo de habilidades sociales. Al aprender a respetar las normas, los niños internalizan valores como el respeto, la empatía y la cooperación, que son esenciales para interactuar con otros en la escuela y más adelante en la vida.

Pautas clave para poner límites de forma efectiva:

1. Firmeza y tranquilidad

Mantén la calma, pero se firme.

La firmeza demuestra al niño que las reglas son importantes y deben ser respetadas, mientras que la calma ayuda a evitar que la situación se convierta en un conflicto emocional. Cuando los niños ven que los padres mantienen su compostura, aprenden a manejar sus propias emociones y a aceptar las reglas sin resistencia.

2. Desaprobar la conducta, no al niño

Dile que la acción está mal, no que él/ella es malo/a.

Como padres es esencial que hagamos una distinción clara entre la conducta y la personalidad del niño. En lugar de decir “Eres un niño malo” cuando el niño hace algo inapropiado, es mejor decir “Eso no está bien” o “Esa conducta no es aceptable”. De esta manera, el niño entiende que el comportamiento no es apropiado, pero su valor como persona no está en duda. Este enfoque fomenta una autoestima positiva mientras se refuerzan los límites.

3. Explicar las normas de forma positiva

Comunica los límites de manera positiva.

No tenemos que enfocarnos solo en lo que no puede hacer, es mejor comunicar las normas de manera positiva. Por ejemplo, en vez de decir “No corras dentro de la casa”, podemos decir “Dentro de la casa caminamos con cuidado”. Este enfoque no solo indica lo que está prohibido, sino también lo que se espera de manera clara y comprensible.

4. Explicar el porqué de las normas

Hazle entender la razón detrás de cada norma.

Los niños son más propensos a aceptar las reglas cuando entienden por qué existen. Explicar de manera simple y adecuada a su edad el motivo detrás de las normas les ayuda a internalizarlas.

4. Consistencia y paciencia

La consistencia es crucial para que los límites sean efectivos. Los niños necesitan saber que las reglas no cambian constantemente, y que siempre hay consecuencias por no seguirlas. Si un límite se establece, debe mantenerse de manera constante para evitar confusión. Además, la paciencia es vital. Los niños no aprenderán a respetar los límites de inmediato, por lo que los padres deben estar preparados para ser firmes, pero comprensivos a lo largo del proceso.

5. El equilibrio entre límites y afecto

Poner límites no debe ser sinónimo de ser estrictos o distantes. Los padres también deben demostrar afecto y cariño a sus hijos. Después de aplicar un límite, es importante ofrecer apoyo emocional, explicando que el amor y la aceptación no dependen de que sigan todas las reglas a la perfección. Este equilibrio asegura que el niño se sienta seguro y amado, mientras aprende a comportarse de manera adecuada.

Conclusión

Establecer límites claros y consistentes es una parte fundamental de la crianza. Ayudan a los niños a sentirse seguros, a desarrollar habilidades sociales, y a aprender a tomar decisiones responsables.  Si quieres aprender a seguir estas pautas puedes visitarnos en Ilitia psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid.

Marina Piqueras Torrico

¿Quién soy? ¿Por qué a veces siento que no me conozco?

En la publicación anterior hemos visto la importancia de ser compasivos con nosotros mismos;
respetarnos y aceptarnos con nuestros defectos, cambios, talentos y cualidades. Habiendo practicado lo
anterior, es momento de reconstruir la mirada con la que nos vemos.
Puede ser que el enunciado de esta publicación nos lo hayamos preguntado alguna que otra vez, y la realidad es que es difícil conocerse por completo, sin embargo, hablaremos de la importancia de conocerse y
algunas herramientas para lograrlo.
Es normal que nuestro día a día esté lleno de actividades, obligaciones, tareas y deberes que nos
mantienen ocupados todo el tiempo. Muchas veces vivimos sin ningún propósito o motivación,
simplemente “vivimos al día”. Esta sensación de “sentirse perdido” es porque muchas veces
no sabemos quienes somos o a donde vamos. Y es que claro, el día a día es agotador y nos satura. Cuando
llegamos a casa lo último que queremos hacer es preguntarnos ¿Cómo estamos? o ¿Cómo nos sentimos?
Se nos olvida la importancia que tenemos para nosotros mismos.
La Búsqueda de la Identidad:
La identidad es una construcción compleja que se forma a lo largo de nuestras vidas a través de
experiencias, relaciones, valores y creencias. Sin embargo, en ocasiones, podemos sentirnos
desconectados de nosotros mismos o confundidos acerca de nuestra identidad. Esto puede deberse a una
variedad de razones, como influencias externas, expectativas sociales o cambios significativos en la vida.
¿Por qué es importante conocerse a sí mismo?

  • Autenticidad: Conocerte a ti mismo te permite vivir de manera auténtica, alineando tus acciones y
    decisiones con tus valores y deseos personales.
  • Toma de decisiones: Una mayor autoconciencia te ayuda a tomar decisiones más informadas y
    alineadas con tus objetivos y necesidades.
  • Resiliencia: Conocer tus fortalezas y debilidades te hace más resistente frente a los desafíos, ya
    que puedes utilizar tus recursos internos para superar obstáculos.
  • Mejores relaciones: Una comprensión más profunda de ti mismo también mejora tus relaciones
    con los demás, ya que puedes comunicarte de manera más efectiva y establecer conexiones más
    significativas.
    Estrategias para Conocerte Mejor:
  • Autoexamen: Tómate el tiempo para reflexionar sobre tu vida, tus experiencias, tus valores y tus
    metas. Lleva un diario para registrar tus pensamientos y emociones.
  • Pregunta a los demás: A veces, amigos y familiares pueden proporcionar información valiosa
    sobre tus características y comportamientos que quizás no notes por ti mismo.
  • Prueba nuevas experiencias: Sal de tu zona de confort y experimenta cosas nuevas. Esto te
    ayudará a descubrir tus intereses y pasiones ocultos.
  • Aprende de tus errores: En lugar de lamentarte por los errores del pasado, reflexiona sobre lo que
    puedes aprender de ellos. Recuerda que los desafíos son oportunidades de crecimiento.
  • Busca orientación profesional: Considera la posibilidad de trabajar con un terapeuta para explorar
    tus pensamientos y emociones en profundidad. En Ilitía psicología tenemos a los profesionales
    adecuados que pueden ayudarte en tu proceso.
  • Meditación: Esta práctica te puede ayudar a conectarte contigo mismo y a comprender mejor tus
    pensamientos y emociones.
  • Educación continua: Lee libros, toma cursos y busca información sobre temas que te interesen. El
    aprendizaje constante es una excelente manera de descubrir nuevas cosas de ti mismo.
  • Habla contigo mismo: Realiza un ejercicio de autoreflexión regularmente, preguntándote a ti
    mismo quién eres, qué deseas y qué te hace sentir realizado.

Recordemos que el proceso de autodescubrimiento es único para cada persona y puede llevar tiempo. A medida que nos
conozcamos mejor, nos sentiremos más seguro y en sintonía con nosotros mismos, lo que nos permitirá vivir una vida más
plena y satisfactoria.

Aprovecha este emocionante viaje de autodescubrimiento para crecer como individuo
y abrazar tu verdadera esencia.

¿Qué hacer en caso de «bullying» o acoso escolar?

El acoso escolar, conocido por el término anglosajón de bullying, implica cualquier forma de maltrato psicológico, físico o verbal entre escolares de manera reiterada tanto en el aula como fuera de ella. Además, se suma la modalidad de ciberacoso a través de las nuevas tecnologías y redes sociales.

El acoso tiene graves consecuencias para las personas involucradas a corto y largo plazo, esto incluye tanto a la víctima y al acosador, como a los espectadores.

Durante la etapa escolar la relación entre compañeros es muy importante para la salud mental y el ajuste personal futuro. Las personas que han sido víctimas de acoso pueden tener dificultad para confiar en los otros en la etapa adulta, reduciendo de esta manera sus posibilidades de relación social y laboral. Cualquiera de las partes implicadas tiene una responsabilidad legal y moral, pudiendo considerarse desde falta hasta delito grave.

Algunas consecuencias del acoso que pueden aparecer en la víctima son las siguientes:

  • Aislamiento social y soledad acompañado por falta de motivación propia y desesperanza por el futuro.
  • Baja autoestima y deterioro de la imagen de sí misma.
  • Disminución del rendimiento académico que podría derivar en abandono escolar.
  • Ansiedad, problemas a la hora de dormir, estado de ánimo apático…
  • Disminución de la capacidad de relación social.
  • Sensación de inseguridad en el ambiente, la cual provoca un estado de alerta constante. Esta situación de estrés puede acarrear un efecto negativo sobre la salud física y mental.
  • En los casos extremos puede presentar ideas suicidas e incluso intentos de suicidio.

No obstante, las consecuencias negativas no solo las va a sufrir la víctima. El acosador tenderá a repetir su patrón de relación agresiva con su familia o en su vida profesional, por lo que, de no corregirse, su patrón relacional será también disfuncional. En ocasiones, utilizan el acoso como una manera de llamar la atención, ya que les permite compensar situaciones anteriores de fracaso o exclusión en otros ambientes. Este tipo de comportamiento acosador se relaciona con:

  • Un modelo de interacción basado en el dominio y la sumisión.
  • Baja habilidad de resolución de conflictos.
  • Poca tolerancia a la frustración.
  • Dificultades para respetar límites.
  • Falta de autocrítica y ausencia de responsabilidad.

Los testigos corren el riesgo de insensibilizarse, y por lo tanto no reaccionar ante situaciones de injusticia de su entorno. El actuar en base a sentimientos de sumisión y miedo influye de manera negativa en su autoestima y desarrollo moral. Asimismo, alienta la conducta del acosador.

El acoso escolar NO son “cosas de niños”

¿Cómo actuar si mi hijo sufre acoso escolar?

  • Dar credibilidad al relato de tu hijo, que se sienta en un espacio seguro y sin juzgar. Elogiarlo por la valentía de haberlo contado ya que el comienzo de la solución es responsabilidad de los adultos.
  • Mostrar apoyo y asegurar que está haciendo lo correcto para poder acabar con la situación.
  • Hablar con el equipo directivo del centro para tratar de dar una respuesta con la ayuda del gabinete psicopedagógico. Si la respuesta por parte del centro no es satisfactoria acudir a la Asociación de Padres y Madres (AMPA) del centro escolar y/o recurrir al Servicio de Inspección Educativa de la comunidad autónoma.
  • Reforzar su autoestima valorando los esfuerzos en cualquier ámbito y resaltando cualidades personales.
  • Animarle a fortalecer y establecer relaciones con otros compañeros para evitar una fobia social derivada del bullying.


¿Cómo actuar si mi hijo ejerce acoso escolar?

  • Mantener una actitud colaborativa con el centro educativo. Poder hablar con los profesores y el departamento de orientación para conocer la situación y orientar la intervención.
  • Intentar conocer las causas de la conducta de tu hijo. Los niños no son buenos o malos, si no que tienen conductas que encauzar. Sabiendo por qué se llevan a cabo, se podrá poner solución, y en esta labor te puede ayudar un psicólogo.
  • Fomentar que tu hijo entienda la responsabilidad de sus actos. Hay que procurar no trasladar esa responsabilidad a otras personas (profesores o los compañeros del aula). Cuando tu hijo esté preparado, ayúdale a pedir perdón a las víctimas.
  • Hacerle entender que esas conductas son inadmisibles. Explícale las consecuencias que puede tener una situación de acoso escolar tanto para él como para la víctima. Buscando que este ambiente sea de calma y confianza, donde tú y tu hijo podáis hablar y expresar vuestros sentimientos.
  • Ayúdale a canalizar de una forma positiva la conducta agresiva. Una buena forma es apuntándole a algún deporte de competición.
  • Ser su modelo a seguir. Eliminando del ambiente familiar críticas no constructivas, las burlas a algún personaje que aparezca en la televisión, insultos a otras personas, etc.. Este tipo de conductas validan inconscientemente la humillación de los demás.

Carmen Castro Dávila.

Miedos vs. Fobias

Las fobias son miedos excesivos e irracionales, es decir miedo a determinados estímulos o situaciones que no generan un peligro real, sin embargo, para la persona que las padece así es.

Los adultos somos capaces de racionalizar acerca de dicha fobia, por tanto saber que no se trata de un peligro real, aunque lo sintamos como tal, sin embargo, en niños es más complicado, sobre todo a edades más tempranas.

Se suele producir una evitación o escape de las situaciones o estímulos que se consideran fóbicos, o así mismo, ante la anticipación de dichas situaciones o estímulos. Del mismo modo, la exposición a dichos situaciones o estímulos provoca una respuesta de ansiedad.

Tenemos que diferenciar una fobia de un miedo, pues las fobias son incapacitantes para la persona que las padece (evitación de lugares o espacios donde esté el estímulo fóbico, ansiedad ante su exposición o al anticipar dicha exposición, incapacidad para llevar un ritmo de vida normal obstaculizado por la fobia…).

Las fobias comúnmente pueden producirse por experiencias pasadas negativas, por imitación o aprendizaje, por comentarios de otras personas, por observación, etc... Por ejemplo: una persona que tiene fobia a los perros puede tenerla por haber sido mordido de pequeño por uno, observar o escuchar como personas de su entorno temen y evitan a los perros, haber presenciado un ataque de un perro a otra persona o haberlo escuchado, etc…

Existen diferentes tipos de fobias:

  • Fobias de tipo animal
  • De tipo ambiental (p. ej., alturas, tormentas, agua)
  • A la sangre-inyecciones-daño
  • De tipo situacional (p. ej., aviones, ascensores, recintos cerrados)
  • Otros tipos (p. ej., evitación fóbica de situaciones que pueden provocar atragantamiento, vómito o adquisición de una enfermedad; en los niños, evitación de sonidos intensos o personas disfrazadas).
  • Fobia social.

Por tanto una fobia es un miedo irracional, excesivo a un estímulo o situación que se considera aversivo para la persona, a pesar de no tener porqué serlo, dando lugar a una respuesta de ansiedad, evitando, escapando o anticipando dichas situaciones o estímulos y produciendo interferencia en la rutina de vida habitual de la persona.

Betania Nze.