¿Poner límites a nuestros hijos nos separa de tener un apego seguro?

El apego es un término que últimamente parece estar en auge y que cada vez se tiene más en cuenta a la hora de cómo educar a nuestros hijos, pero vamos a concretar un poco más en que se basa este concepto.

El apego es el vínculo que se establece entre el recién nacido y los progenitores. Este vínculo se forja desde que el bebé se encuentra en el vientre de la madre, y en función del tipo de apoyo y la percepción que tiene el bebé de si están cubiertas sus necesidades básicas, se distinguen 4 tipos de apego:

  • Apego seguro: los adultos se perciben como figuras de seguridad y apoyo y se muestran receptivos y disponibles ante las demandas de los hijos. El adulto valida la emoción de su hijo y luego le muestra el apoyo que considera necesario.
  • Apego ansioso o ambivalente: el adulto es inconsistente en sus reacciones con el niño y a veces se muestra excesivamente preocupado, no dejando experimentar el mundo por los riesgos que pueda haber y en otras ocasiones se muestra ausente o enfadado. Esto crea una sensación de angustia en el niño, pues no sabe si puede contar o no con su figura de apego.

Puede desembocar en adultos con cierta dependencia emocional.

  • Apego evitativo: el cuidador se muestra ausente e insensible ante las demandas de su hijo, no validando sus emociones. Esto crea una sensación de falta de seguridad, además de adquirir una sensación de “indefensión aprendida”, pues haga lo que haga el niño, no va a encontrar el consuelo del adulto.

En la etapa adulta suele verse en adultos con incomodidad al compromiso y suelen querer ocultar las emociones (ya que de pequeños no han sido escuchados y validados).

  • Apego desorganizado: es el menos común ya que consiste en figuras de apego excesivamente amenazantes o incluso abusivas, que generan una personalidad insegura y temerosa.

Una vez visto que es el apego, para conseguir que nuestros hijos desarrollen un apego seguro, muchas veces pensamos que lo mejor para lograrlo es que nuestros hijos no sufran ningún rechazo o no les pongamos demasiados límites, ya que son muy susceptibles de desarrollar traumas, sin embargo se ha comprobado que lo que el niño necesita para sentirse seguro es sentir que sus cuidadores estarán ahí para brindarle calidez y seguridad ante las situaciones temidas y validar la emoción que está sintiendo. Dicho en otras palabras, es necesario crear un entorno con límites seguros y ajustados a cada circunstancia, para que el niño sepa que puede y que no puede hacer, es decir tiene que haber una combinación entre límites y afectividad. A veces por cansancio o por el miedo a la reacción que pueda tener nuestro hijo, ya sea llanto o gritos, podemos perder esos límites para satisfacerle y que cese así su conducta y se tranquilice, sin embargo esto hace que se pierdan los límites y se hagan difusos.

            Saber identificar que tipo de apego hemos tenido en nuestra infancia puede darnos respuestas de como nos comportamos en la actualidad con nuestro entorno y que patrones podemos estar repitiendo con nuestros hijos

Siempre estamos a tiempo de tomar conciencia de como nos relacionamos con las personas de nuestro entorno y como nos influyen nuestras experiencias pasadas en nuestro comportamiento con nuestros seres queridos.

¿Cómo manejar las rabietas infantiles?

¿Qué son las rabietas?

Las rabietas o pataletas son eventos que suceden en una etapa fundamental para el desarrollo psicoemocional de los niños. Se trata demanifestaciones emocionales intensas cuya base es lafrustración e inseguridad, que generan un estado deimpaciencia y enfado en el niño.

Algunas de las manifestaciones más comunes de las rabietas son llorar, tirarse al suelo, gritar, oponerse a indicaciones de los padres, golpear o tirar cosas.

Se producen fundamentalmente entre los 2 y los 4 años, momento evolutivo en el que los niños empiezan a tener dificultades con sus propias emociones, ya que aún no tienen la capacidad ni las herramientas para regularlas por sí solos. Estas experiencias, aunque desagradables, contribuirán a que adquieran progresivamente a partir de esta fase esa capacidad de regulación clave para desenvolverse en el mundo en el futuro. También pueden producirse hasta edades más avanzadas e incluso cronificarse, variando sus formas de manifestación, en cuyo caso se requerirá otro tipo de intervención.

¿Cómo manejarlas?

Es frecuente que los padres se asusten ante estos cambios de conducta aparentemente repentinos de sus hijos, generándose sentimientos de impotencia por no poder controlar la situación. Hay que cambiar la visión respecto a las rabietas y soltar esa necesidad de “control de la situación”, pasando a entenderlas como una oportunidad para enseñar a nuestros hijos a manejar las emociones y frustraciones que van a experimentar a lo largo de la vida.

Nuestro equipo de psicólogos en Villaverde tiene claro que un buen manejo de las rabietas por parte de los padres ayudará al niño a alcanzar una serie de logros en su desarrollo emocional y conductual: autocontrol de impulsos, habilidades de resolución de problemas, desarrollo de la paciencia, comunicación de sus deseos y necesidades, etc.

En primer lugar, es importante conseguir que el niño entienda que su rabieta no le va a llevar a conseguir lo que quiere. Teniendo claro esto, ganaremos control de la situación y aunque durante un tiempo el niño siga poniéndolas en práctica, en la mayoría de los casos terminará dándose cuenta de que la fórmula no funciona y dejará de aplicarla.

Conseguir prevenir estos estallidos emocionales es clave. Para ello, conocer los momentos y situaciones más emocionales y de mayor frustración del niño es muy importante. Así podremos guiarnos y anticiparnos para dar alternativas de solución o proponer que se tomen decisiones antes de que la rabieta se produzca.

Durante la rabieta, algunas recomendaciones para los padres son:

  • Empatizar con las emociones que está experimentando el niño.
  • Acoger al niño y su emocionalidad, sin sobreproteger ni poner distancia física.
  • Ser un buen modelo de conducta: no perder el control, dar indicaciones claras y firmes y usar un tono de voz tranquilo
  • Ser coherente y consistente en la línea de trabajo que se haya consensuado en el entorno familiar o terapéutico en estas situaciones.
  • Ignorar la conducta inadecuada del niño durante la rabieta, pero no al niño en sí mismo.
  • Ayudar a poner la situación y las emociones en palabras. Para ello es necesario que se esté dando una educación emocional.

Una vez terminada la rabieta, es importante sostener, en el sentido de dar forma y espacio a las emociones que experimentan los niños, ayudar a entender los motivos por los que las experimenta, a menudo asociados a necesidades de autonomía y seguridad que comienzan a tenerse a partir de estas edades, logrando un equilibrio entre normas y contención. Fomentar desde edades tempranas la comunicación emocional entre padres e hijos, adaptando el lenguaje a las capacidades del niño, será beneficioso para la autorregulación del niño y para la relación paternofilial futura.

En nuestra consulta de psicología en Villaverde somos especialistas en psicología infanto-juvenil, atendiendo tanto a niños como a padres que desean adquirir herramientas para manejar esta y otras muchas situaciones. No dudes en pedirnos una primera cita, estamos seguros de que podemos ayudarte.

¿Qué hacer en caso de «bullying» o acoso escolar?

El acoso escolar, conocido por el término anglosajón de bullying, implica cualquier forma de maltrato psicológico, físico o verbal entre escolares de manera reiterada tanto en el aula como fuera de ella. Además, se suma la modalidad de ciberacoso a través de las nuevas tecnologías y redes sociales.

El acoso tiene graves consecuencias para las personas involucradas a corto y largo plazo, esto incluye tanto a la víctima y al acosador, como a los espectadores.

Durante la etapa escolar la relación entre compañeros es muy importante para la salud mental y el ajuste personal futuro. Las personas que han sido víctimas de acoso pueden tener dificultad para confiar en los otros en la etapa adulta, reduciendo de esta manera sus posibilidades de relación social y laboral. Cualquiera de las partes implicadas tiene una responsabilidad legal y moral, pudiendo considerarse desde falta hasta delito grave.

Algunas consecuencias del acoso que pueden aparecer en la víctima son las siguientes:

  • Aislamiento social y soledad acompañado por falta de motivación propia y desesperanza por el futuro.
  • Baja autoestima y deterioro de la imagen de sí misma.
  • Disminución del rendimiento académico que podría derivar en abandono escolar.
  • Ansiedad, problemas a la hora de dormir, estado de ánimo apático…
  • Disminución de la capacidad de relación social.
  • Sensación de inseguridad en el ambiente, la cual provoca un estado de alerta constante. Esta situación de estrés puede acarrear un efecto negativo sobre la salud física y mental.
  • En los casos extremos puede presentar ideas suicidas e incluso intentos de suicidio.

No obstante, las consecuencias negativas no solo las va a sufrir la víctima. El acosador tenderá a repetir su patrón de relación agresiva con su familia o en su vida profesional, por lo que, de no corregirse, su patrón relacional será también disfuncional. En ocasiones, utilizan el acoso como una manera de llamar la atención, ya que les permite compensar situaciones anteriores de fracaso o exclusión en otros ambientes. Este tipo de comportamiento acosador se relaciona con:

  • Un modelo de interacción basado en el dominio y la sumisión.
  • Baja habilidad de resolución de conflictos.
  • Poca tolerancia a la frustración.
  • Dificultades para respetar límites.
  • Falta de autocrítica y ausencia de responsabilidad.

Los testigos corren el riesgo de insensibilizarse, y por lo tanto no reaccionar ante situaciones de injusticia de su entorno. El actuar en base a sentimientos de sumisión y miedo influye de manera negativa en su autoestima y desarrollo moral. Asimismo, alienta la conducta del acosador.

El acoso escolar NO son “cosas de niños”

¿Cómo actuar si mi hijo sufre acoso escolar?

  • Dar credibilidad al relato de tu hijo, que se sienta en un espacio seguro y sin juzgar. Elogiarlo por la valentía de haberlo contado ya que el comienzo de la solución es responsabilidad de los adultos.
  • Mostrar apoyo y asegurar que está haciendo lo correcto para poder acabar con la situación.
  • Hablar con el equipo directivo del centro para tratar de dar una respuesta con la ayuda del gabinete psicopedagógico. Si la respuesta por parte del centro no es satisfactoria acudir a la Asociación de Padres y Madres (AMPA) del centro escolar y/o recurrir al Servicio de Inspección Educativa de la comunidad autónoma.
  • Reforzar su autoestima valorando los esfuerzos en cualquier ámbito y resaltando cualidades personales.
  • Animarle a fortalecer y establecer relaciones con otros compañeros para evitar una fobia social derivada del bullying.


¿Cómo actuar si mi hijo ejerce acoso escolar?

  • Mantener una actitud colaborativa con el centro educativo. Poder hablar con los profesores y el departamento de orientación para conocer la situación y orientar la intervención.
  • Intentar conocer las causas de la conducta de tu hijo. Los niños no son buenos o malos, si no que tienen conductas que encauzar. Sabiendo por qué se llevan a cabo, se podrá poner solución, y en esta labor te puede ayudar un psicólogo.
  • Fomentar que tu hijo entienda la responsabilidad de sus actos. Hay que procurar no trasladar esa responsabilidad a otras personas (profesores o los compañeros del aula). Cuando tu hijo esté preparado, ayúdale a pedir perdón a las víctimas.
  • Hacerle entender que esas conductas son inadmisibles. Explícale las consecuencias que puede tener una situación de acoso escolar tanto para él como para la víctima. Buscando que este ambiente sea de calma y confianza, donde tú y tu hijo podáis hablar y expresar vuestros sentimientos.
  • Ayúdale a canalizar de una forma positiva la conducta agresiva. Una buena forma es apuntándole a algún deporte de competición.
  • Ser su modelo a seguir. Eliminando del ambiente familiar críticas no constructivas, las burlas a algún personaje que aparezca en la televisión, insultos a otras personas, etc.. Este tipo de conductas validan inconscientemente la humillación de los demás.

Carmen Castro Dávila.

LA TÉCNICA DE LA TORTUGA (AUTOCONTROL DE IMPULSOS Y EMOCIONES EN NIÑOS)

Escondite de Maestros: LA TÉCNICA DE LA TORTUGA

Érase una vez, una tortuga que tenía (X AÑOS). Se llamaba Tortuguita.

A Tortuguita no le gustaba ir a la escuela. Quería estar en casa con mamá y su hermanito. No quería estudiar ni aprender; sólo quería correr y jugar con sus amiguitos, o pintar su cuaderno de dibujo con lápices de colores.

Era muy aburrido para ella, tener que escuchar a su profesora, leer y escribir. Ella solo quería jugar y reírse con sus amigos –y pelearse con ellos también-. No le gustaba colaborar con los demás, y le costaba controlar su carácter.

Cada día, cuando iba a la escuela, se decía a sí misma que iba a esforzarse en todo lo posible para no acabar metiéndose en jaleos . Sin embargo, a pesar de ello, siempre se acababa peleando con algún compañero de clase, o rompía objetos cuando se enfadaba.

Con tantos problemas en el colegio, empezó a pensar que era una tortuga “mala” y se empezó a sentir muy mal.

Un día, se encontró con la tortuga más grande y más vieja de la ciudad. Era una tortuga sabia, que tenía ¡200 años de edad y un tamaño tan enorme como una casa!

—¡Hola! —Dijo la tortuga sabia con su voz inmensa y rugiente— Te veo preocupada. Voy a contarte un secreto. ¿Sabes que llevas sobre ti la respuesta para los problemas que te agobian? Tortuguita no sabía de qué le estaba hablando.

—¡Tu caparazón! ¡Tu caparazón! —le gritó la tortuga sabia, y continuó exclamando— Puedes esconderte en su interior cuando te sientas nerviosa o enfadada, o cuando estés a punto de perder el control. En el interior de tu caparazón puedes reposar, descansar, relajarte y pensar en cómo puedes resolver el problema. Así que cada vez que lo necesites meterte en tu caparazón de ayudará.

A Tortuguita le gustó tanto la idea, que tenía ganas de volver al colegio para probar el consejo de la tortuga sabia.

Al día siguiente, en el colegio, un compañero de clase le quitó su bolígrafo preferido por lo que empezó a experimentar otra vez el sentimiento de ira que le suele aparecer antes de pelearse o romper cosas o gritar. Estuvo a punto de perder la compostura, cuando recordó de repente lo que le había dicho la tortuga sabia.

Rápido como encogió sus brazos, piernas y cabeza, y los apretó contra su cuerpo, permaneciendo quieta hasta que supo lo que precisaba hacer. Se sintió tan bien dentro de su caparazón, dónde nadie podía molestarle. Cuando salió de él, quedó sorprendida al ver que su profesora le sonreía. Tortuguita le dijo que se había puesto furiosa porque había cometido un error.

¡La maestra le contesto diciéndole lo orgullosa que estaba de ella! Tortuguita continuó utilizando este secreto a lo largo del curso.

Cuando recibió sus notas escolares, comprobó que eran mucho mejores. Todos la admiraron y se preguntaron maravillados cuál sería su “secreto mágico”.

Uso de la técnica

1-Léele el cueto a tu hijo/a si suele tener problema al controlar sus impulsos o emociones negativas.

2.Enséñale, que igual que la tortuga, cuando se sienta muy enfadado/a haga como la tortuga. Que se pare, y si es necesario busque un espacio para poder relajarse.

3.Enséñale técnicas de relajación y haz que las practique para que pueda utilizarlas cuando lo necesite.

4.Enséñale cómo puede resolver los problemas.

De ésta forma cada vez que lo necesite, recordará que cuando sienta la emoción (ira) puede esconderse en su “caparazón”, relajarse y buscar a la solución al problema, para evitar meterse en líos.

Antención: es recomendable que esta técnica sea proporcionada por el psicólogo para enseñar adecuadamente las técnicas a emplear y cerciorarse de que sabe utilizarlas.

No dudéis en pedir ayuda psicológica si vuestro hijo tiene problemas en la gestión de sus emociones o en el control de impulsos.

Betania Nze