IMPULSIVIDAD, BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN Y REDES SOCIALES: UNA COMBINACIÓN EXPLOSIVA EN ADOLESCENTES.

La adolescencia es una etapa de cambios físicos, psicológicos y sociales intensos. Durante este periodo de tiempo, los jóvenes se enfrentan a retos académicos, familiares y sociales. Estos retos requieren del desarrollo de habilidades que contribuyan a gestionar el estrés, resolver problemas y manejar emociones.

Además, el cerebro de un adolescente sigue en proceso de maduración, lo que afecta, entre otros aspectos, a las áreas encargadas del autocontrol. El conjunto de estos factores hace que los adolescentes puedan ser más impulsivos y presenten una menor tolerancia a la frustración.

Las redes sociales juegan un papel importante en sus vidas, pueden llegar a pasar horas conectados. La suma de la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración y el uso excesivo de las redes sociales puede generar consecuencias negativas y dificultar la adquisición de habilidades necesarias para su crecimiento y desarrollo.

La impulsividad se define como la tendencia a actuar de manera rápida y sin reflexión previa, a menudo sin tener en cuenta las consecuencias de las acciones. Durante la adolescencia, debido a diferentes cambios que se producen a nivel cerebral y hormonal, los chicos y chicas pueden ser más propensos a llevar a cabo comportamientos arriesgados y tomar decisiones impulsivas.

La baja tolerancia a la frustración, por otro lado, se refiere a la dificultad para manejar situaciones que no se desarrollan según las expectativas de la persona. Esto puede generar reacciones desproporcionadas ante pequeños contratiempos y cierta tendencia a evitar situaciones complejas o estresantes. La baja tolerancia a la frustración en los más jóvenes puede estar relacionada a una necesidad de recompensa inmediata o con la falta de estrategias para la regulación emocional.

El uso de las redes sociales ha transformado la manera en que los adolescentes interactúan con el mundo y entre ellos. Éstas, ofrecen recompensas fáciles y rápidas a través de «me gusta» y comentarios, lo que puede favorecer una tendencia a realizar conductas impulsivas. La necesidad de aprobación por parte de sus iguales y la comparación constante con los demás pueden aumentar la insatisfacción consigo mismos y la ansiedad.

Además, el contenido de las redes sociales está diseñado para captar y mantener la atención, lo que puede dificultar la capacidad de los adolescentes para concentrarse en tareas que requieren más esfuerzo y paciencia. Esta exposición constante a estímulos rápidos y recompensas inmediatas puede reducir aún más la tolerancia a la frustración, ya que los adolescentes pueden esperar que las recompensas en la vida real sean tan rápidas como en el entorno.

La combinación de la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración y el uso excesivo de las redes sociales crea un círculo vicioso en el que los adolescentes se ven atrapados.

Esto no solo afecta su bienestar emocional, sino también al desarrollo de habilidades sociales, académicas y de resolución de conflictos.

Es fundamental que tanto los propios adolescentes como sus padres comprendan cómo funciona su cerebro y cómo las redes sociales pueden influir en su comportamiento.

La educación sobre el autocontrol y la regulación emocional puede ser un primer paso crucial.

Las técnicas de regulación emocional ayudan a manejar emociones y pueden contribuir a gestionar situaciones complejas.

Algunas de estas técnicas son la respiración profunda, el “mindfulness” o conseguir cambiar pensamientos que dificulten la adaptación social y familiar por otros que ayuden al adolescente a ajustar sus emociones, expectativas y creencias de la realidad.

El trabajo de autocontrol con diferentes ejercicios que promuevan una toma de decisiones reflexiva, y el control de impulsos, previene que el adolescente lleve a cabo acciones sin tener en cuenta sus consecuencias y repercusiones.

Por último, la gestión de tiempo y establecimiento de límites sobre el uso de dispositivos móviles y redes sociales son esenciales para que el trabajo en control de impulsos y tolerancia a la frustración sea eficiente.

La adolescencia es una etapa compleja. La impulsividad o la baja tolerancia a la frustración en combinación con los efectos negativos de las redes sociales pueden afectar al desarrollo personal y de habilidades en los más jóvenes.

Si crees que tu hijo o hija, o tú mismo necesitas trabajar alguno de estos aspectos, en Ilitía Psicología estaremos encantados de acompañarte en este proceso.

María Suárez Gómez.

¿Qué es la autocompasión?

¿Eres de los que te castigas o te hablas mal ante un error? ¿Te exiges demasiado para alcanzar tus objetivos y dejas a un lado tu bienestar emocional? ¿Tiendes a culparte cuando las cosas no salen como esperabas?
Si contestaste “Si” a algunas de las preguntas anteriores, te invito a leer este artículo el cual te enseñaré un concepto que te ayudará a verte con una mirada diferente.
La autocompasión busca la felicidad y el bienestar de nosotros mismos, aceptando nuestros fallos y debilidades. Es dejar de buscar la perfección, dejar de vivir deseando ser lo que no somos y esperando que los otros sean como nosotros quisiéramos que fueran.
Es común ser empáticos con personas de nuestro entorno, tratarlos con delicadeza y amor, pero ¿Cómo nos hablamos y tratamos a nosotros mismos?¿Te comportas de la misma manera cuando el que se ha equivocado eres tú mismo?
La mayoría de las veces la respuesta es NO, y hoy te quiero decir que el primer paso para poder sentirte mejor contigo mismo es la autocompasión.

Antes de comenzar, me gustaría aclarar que la autocompasión no significa sentirte débil o darte pena o lástima. Es todo lo contrario, es mirarte con respeto, con compasión y sobretodo con aceptación.


¿Cómo podemos ser más autocompasivos?

  1. No es malo equivocarse: el equivocarte es una oportunidad para darte cuenta que
    estás aprendiendo, entendiendo de manera amable qué fue lo que no funcionó. Tú
    decides si te quieres acompañar desde ese lugar (sin exigencias ni autocastigos) o
    juzgarte y enfadarte contigo mismo.
  2. Se más amable contigo mismo: de la misma manera que tratarías a un ser querido o a un buen amigo, dándote el valor e importancia que mereces.
  3. Hazte consciente sobre cómo te hablas: Todos los días tenemos diálogos internos con nosotros mismos. La mayoría de las veces son automáticos no nos damos cuenta de las connotaciones que utilizamos (negativas o positivas). Prueba a mirar el error o el fallo que has cometido desde una perspectiva mucho más amplia y escucha cómo respondes a esa situación, y comienza tu diálogo interior de manera más asertiva (cambiando el lenguaje interior).
  4. Autoconocimiento: Conocerse a uno mismo es la clave para poder identificar las
    emociones y canalizarlas en dirección a quitar autoculpa y perdonarte.
  5. Atención plena: es un estado mental receptivo que intenta abandonar los prejuicios e implica la experiencia del momento presente sin reprimir los propios sentimientos y pensamientos, pero sin magnificarlos ni identificarse de demasiado con ellos. En lugar de obsesionarnos y fijarnos en lo negativo cuando nos sentimos mal o existe dolor, intenta tener una visión equilibrada del problema.
  6. Humanidad compartida: Date cuenta que no eres el único que sufre o le suceden estos diálogos internos con connotación negativa. Estás rodeado de seres humanos
    imperfectos por lo que no tienes porque buscar ser o alcanzar una perfección o exigencia.
    Todos cometemos errores y sufrimos de alguna manera, ya que somos vulnerables e imperfectos por naturaleza. Así que debemos ser comprensivos con nuestros errores y sufrimientos.
    Te invito a que, con estas herramientas, comiences a trabajar la autocompasión contigo mismo.
    Cuando vengan emociones incómodas a tu mente, no te juzgues, no las escondas; simplemente observarlas y trata de entender su origen para darle un mensaje diferente. Atrévete a comenzar ese diálogo interno positivo contigo mismo y recuerda que tu eres tu lugar seguro.