Acompañar sin perderse: el equilibrio emocional en las relaciones de pareja


En toda relación de pareja sana es fundamental construir un espacio emocional donde ambos puedan sentirse acompañados. Sin embargo, es habitual que uno de los miembros termine asumiendo un rol que va más allá del apoyo: el de sostener emocionalmente al otro de forma constante, incluso a costa de su propio bienestar.

Esta dinámica, aunque a menudo surge desde el afecto y la buena voluntad, puede derivar en un desequilibrio profundo si no se establece un límite claro entre acompañar y cargar con las emociones del otro.


Apoyar no es cargar.
Apoyar a tu pareja significa estar presente, escuchar activamente, validar lo que siente y
ofrecer un espacio seguro. Pero no implica responsabilizarte de su estado emocional ni intentar solucionar lo que solo él o ella puede resolver por sí mismo/a. Cuando una persona se convierte en el principal sostén emocional de la otra, se genera una carga que a la larga puede traducirse en agotamiento, frustración o incluso pérdida de identidad. Este tipo de vínculo puede parecer, desde fuera, una expresión de amor incondicional. Sin embargo, el amor genuino no debería implicar dejarse de lado. El verdadero acompañamiento emocional implica respeto mutuo y cuidado compartido, no sacrificio constante.


La importancia del autocuidado en el vínculo.
Una relación saludable es aquella en la que ambos miembros pueden apoyarse mutuamente sin que uno quede relegado al rol de «cuidador». Para ello, es esencial cultivar el autocuidado: reconocer tus propias necesidades emocionales, saber poner límites y comunicarte de forma clara cuando algo comienza a sobrepasarte.
Poner tu bienestar en primer lugar no es egoísmo, es una condición necesaria para poder sostener una relación a largo plazo. Desde ese lugar de equilibrio interno, es posible ofrecer una presencia emocional genuina sin descuidarte.


Responsabilidad afectiva: estar presentes sin invadirnos.
La responsabilidad afectiva es un concepto clave en este contexto. Se refiere a la capacidad de ser conscientes del impacto emocional que tenemos en la otra persona, sin dejar de asumir la propia responsabilidad sobre nuestras emociones y límites. En lugar de volcarnos completamente en lo que el otro necesita, implica preguntarnos también qué necesitamos nosotros, y cómo podemos cuidar el vínculo sin que eso implique perdernos. Ser responsable afectivamente no significa resolver los conflictos del otro, sino estar disponible para acompañar su proceso, siempre desde un lugar compartido y justo. Es poder decir: “Estoy aquí para ti, pero también necesito cuidarme a mí.”


Encontrar el equilibrio
Ninguna relación está exenta de momentos difíciles. Habrá etapas en las que uno de los dos necesite más contención, y otras en las que los roles se inviertan. Pero cuando el desequilibrio se vuelve crónico —cuando siempre es uno quien sostiene y el otro quien es sostenido—, es necesario parar y revisar la dinámica.
Hacer preguntas como:

¿Estoy acompañando o me estoy sobrecargando?
¿Siento que puedo expresar mis límites sin miedo? ¿Estoy dejando de atender mis propias emociones por priorizar las del otro?


Estas reflexiones pueden ser el primer paso para recuperar el equilibrio y construir una relación más consciente, empática y sostenible.


Conclusión
Estar emocionalmente disponible no implica asumir un rol de salvador ni cargar con lo que no te corresponde. El acompañamiento verdadero se da cuando ambos miembros de la pareja pueden sostenerse mutuamente desde el respeto, la autonomía y el cuidado recíproco.
Aprender a acompañar sin anularse no solo es necesario para el bienestar individual, sino también para la salud del vínculo en el largo plazo. Porque solo desde el equilibrio emocional se puede construir un amor que no pese, sino que sostenga de verdad.

Marina Piqueras Torrico.

Verano en pareja: ¿Conexión o desconexión?

El verano suele asociarse con tiempo de descanso, desconexión, vacaciones y tiempo libre. Sin embargo, para muchas parejas, esta época del año representa un punto de inflexión: puede ser una oportunidad para fortalecer el vínculo o, por el contrario, poner en evidencia tensiones y conflictos que han pasado desapercibidos durante el año.

Las relaciones de pareja son un espacio complejo donde confluyen múltiples dimensiones: la emocional, la cognitiva, la conductual y, por supuesto, la historia personal de cada uno. El verano, al alterar rutinas y aumentar el tiempo compartido, actúa como un “acelerador emocional” que nos confronta con aspectos profundos del vínculo.

Tiempo juntos

Durante el año, muchas parejas transitan sus días en piloto automático: trabajo, hijos, tareas domésticas, compromisos. Las vacaciones interrumpen ese ritmo y abren espacio a la convivencia más consciente. Este cambio puede ser enriquecedor, pero también incómodo.

Al pasar más tiempo juntos, emergen dinámicas relacionales que habitualmente quedan soterradas bajo la rutina. Es frecuente que aparezcan temas pendientes: resentimientos no expresados, diferencias en la manera de disfrutar el tiempo libre, o necesidades emocionales insatisfechas.

Expectativas

En ocasiones, pueden generarse expectativas sobre la relación de pareja en las vacaciones deseadas que al no cumplirse, pueden derivar en frustración o decepción dentro de la pareja.

Es importante trabajar la conciencia emocional y la comunicación asertiva para alinear expectativas y validar emociones. No se trata de evitar el conflicto, sino de abordarlo desde una actitud de curiosidad, no de juicio.

Reconexión

El verano también puede ser una excelente oportunidad para reconectar con la pareja. Sin las presiones del día a día, hay más espacio para conversaciones profundas, para redescubrir intereses compartidos y para nutrir la intimidad.

Cuando el verano evidencia una crisis
En algunos casos, el verano no fortalece, sino que pone en evidencia una distancia emocional ya instalada. Si esto ocurre, no hay que interpretarlo como un fracaso, sino como un signo de que la relación necesita atención consciente.

Buscar acompañamiento terapéutico puede ayudar a transitar ese momento con más claridad, ya sea para reconstruir el vínculo o para tomar decisiones difíciles de forma más saludable y respetuosa.

Conclusión

El verano puede ser una ocasión para reconectar con nuestra pareja pero también para dar espacio a los problemas subyacentes. Las parejas que se permiten mirarse con honestidad y apertura pueden encontrar en este tiempo un recurso valioso para sanar, crecer y reconectar.

Desde Ilitía Psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid, entendemos que cada vínculo es único, y que las relaciones requieren presencia, cuidado y autoconocimiento, por ello brindamos el espacio necesario para poder acompañar a cada persona que lo necesite.

Comprender el amor en tu pareja: El Modelo de Sternberg

¿Has sentido cómo tu relación cambia con el tiempo?

El Triángulo de la experiencia amorosa de Sternberg explica cómo la intimidad, la pasión y el compromiso influyen en el amor a lo largo de la relación. Entender estos componentes puede ayudarte a fortalecer tu vínculo y a enfrentar los altibajos juntos. A medida que una relación avanza, la combinación de estos factores cambia, dando lugar a diferentes tipos de amor y fases de la relación.

Los tres componentes del amor:

1. Intimidad: Representa la conexión emocional, la cercanía, la confianza y el apoyo mutuo. Es la base de la relación profunda y afectiva.

2. Pasión: Hace referencia a la atracción física, el deseo sexual y la excitación emocional que genera la atracción romántica.

3. Compromiso: Es la decisión consciente de mantener la relación a largo plazo, superar los desafíos y seguir adelante juntos.

Tipos de amor:

1. Amor romántico 

Componentes de amor implicados: Intimidad + Pasión

Ejemplo relación: Una pareja que acaba de empezar a salir, disfrutando de la atracción física y emocional, pero aún sin un compromiso firme.
Es común en las primeras etapas del enamoramiento o la «luna de miel», cuando aún no hay un compromiso firme a largo plazo.

2. Amor compañero

Componentes de amor implicados: Intimidad + Compromiso
Ejemplo relación: Parejas de muchos años que han superado crisis y comparten una vida juntos, pero la pasión ha disminuido.

Es característico de relaciones estables a largo plazo, donde la intimidad y el compromiso prevalecen, pero la emoción inicial de la pasión ha disminuido.

3. Amor fatuo

Componentes de amor implicados: Pasión + Compromiso

Ejemplo relación: Una pareja que se compromete rápidamente, sin conocer bien los deseos y valores del otro. 

Es común cuando las decisiones se toman rápidamente, basadas en la atracción física, pero sin una conexión emocional sólida.

4. Amor vacío 

Componentes de amor implicados: Compromiso
Ejemplo relación: Parejas que permanecen juntas por razones prácticas (familia, seguridad financiera), pero ya no comparten una conexión emocional ni física significativa.

Relaciones estancadas, donde solo el compromiso persiste, sin intimidad ni pasión.

5. Amor consummado

Componentes de amor implicados: Intimidad + Pasión + Compromiso
Ejemplo relación: Parejas maduras que mantienen una conexión emocional profunda, disfrutan de la atracción física y están firmemente comprometidos.

Este es el tipo de amor ideal, donde los tres componentes están equilibrados.

6. Amor ncorrespondido 

Componentes de amor implicados: Ausencia de Todos los Componentes.

Ejemplo relación: Una relación que nunca creció más allá de la conveniencia o que ya ha fallado en todos los aspectos.

En este tipo de relación, no hay ni intimidad, ni pasión, ni compromiso. Suele surgir cuando la relación no ha crecido o ha fallado en todas las áreas clave.

Cómo evoluciona el amor 

A medida que una relación progresa, la intensidad y presencia de los tres componentes cambia. En las primeras etapas, como el enamoramiento, la pasión predomina, pero a medida que la pareja se conoce mejor y se compromete más, la intimidad y el compromiso aumentan. En momentos de crisis, si no se gestionan bien los conflictos, la relación puede pasar a un amor vacío, donde solo el compromiso permanece. Sin embargo, si ambos superan las dificultades y redescubren su conexión, pueden llegar a experimentar un amor consumado, donde los tres elementos están en equilibrio.

Conclusión

El Triángulo de la Experiencia Amorosa de Sternberg nos ayuda a entender cómo varía el amor a lo largo del tiempo y cómo las relaciones pueden evolucionar. Identificar las dinámicas de intimidad, pasión y compromiso permite a las parejas tomar decisiones para fortalecer su relación y superar los desafíos que surgen en su camino. Si quieres comprender mejor lo que está sucediendo en tu relación y cómo fortalecer la conexión a largo plazo, en Ilitia Psicología tenemos terapeutas especializados en ello.

Marina Piqueras Torrico

¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD AFECTIVA?

En la actualidad, la difusión por parte de los medios de comunicación, las redes sociales, y la psicología divulgativa ha puesto el termino responsabilidad afectiva en el foco de las atenciones. Hoy nos detenemos a reflexionar sobre el término. Si bien es cierto que el término ha sido más utilizado en la última década, autoras como Deborah Anapol vienen reflexionando sobre este concepto desde la década de los 80. En sus inicios, la forma de pensar la responsabilidad afectiva estaba directamente conectada con otras formas de generar vínculos sexo-afectivos, como pueden ser las relaciones abiertas, o el poliamor (Anapol, 2010).

La responsabilidad afectiva es una propuesta de comportamiento que tiene como eje central el respeto, equilibrio y cuidado mutuo ofreciendo herramientas que refuerzan los vínculos afectivos sanos, proponiendo así una equidad en responsabilidad y cuidados. Cuando establecemos vínculos interpersonales se generan respuestas emocionales que suponen satisfacciones, apegos, confianza, seguridad, pero también, aparecen los miedos, dilemas y conflictos. Por ende, abordando la complejidad de las relaciones humanas, la responsabilidad afectiva surge como respuesta a una posible forma de relacionarnos donde no se trata de negar los miedos y los conflictos, porque forman parte de cualquier relación interpersonal, si no que, a través del cuidado y respeto mutuo con base en una comunicación y empatía, se pueda construir una relación íntima sana y honesta. Si bien en sus orígenes la responsabilidad afectiva dio respuesta a la insatisfacción en vínculos románticos, en la actualidad se ha demostrado que una buena responsabilidad afectiva puede mejorar la calidad de las relaciones interpersonales más allá del ámbito romántico, donde aparecen las relaciones familiares, laborales y amistades, entre otras. Como se ha mencionado, la responsabilidad afectiva es una forma de comportamiento y, por tanto, puede aprenderse y desarrollarse. Por ello, es importante mencionar que la responsabilidad afectiva está directamente conectada con nuestra inteligencia emocional y hay ciertas conductas que se pueden llevar a cabo para poder ir ejercitándola. Una comunicación sincera y honesta, el trazado de límites en las relaciones interpersonales, validar al otro, asumir los conflictos dentro de la relación y evitar el exceso de la racionalización pueden ser algunas de las pautas a llevar a cabo asumiendo la responsabilidad afectiva dentro de nuestros vínculos interpersonales.

Si estás planteándote acudir a terapia o quieres adquirir herramientas que te ayuden a gestionar mejor tus relaciones, en Ilitía Psicología, Psicólogos en Villaverde, Ciudad de los Ángeles, Madrid, nuestro equipo de psicólogos estarán encantados de atenderte.

REFERENCIAS

Anapol, D. (2010). Polyamory in the 21st century: Love and intimacy with

multiple partners. Rowman & Littlefield Publishers.

DEPENDENCIA EMOCIONAL

Dependencia Emocional. No puedo (sé) vivir sin ti | Blog de Mindic

La dependencia emocional trata de una estado de vinculación y relación con una o más personas considerado desadaptativo, es decir, la persona dependiente se somete, idealiza y magnifica a la otra u otras personas causando en ella  una gran malestar. Pese a ello, se sienten incapaces de dejar la relación y cada intento resulta inútil. Esto sucede por una elevada necesidad de afecto en las otras personas, proporcionado por una baja autoestima. Se muestra resistencia a perder la fuente de seguridad y afecto que constituye la pareja u otras personas que la proporcionan. Se producen distorsiones cognitivas como el autoengaño y la negación de información que le proporciona su entorno.

Estas relaciones destructivas no hacen otra cosa que fortalecerse de modo que cada vez resulta más complicado que el sujeto salga de ellas. Puede resultar peligroso ya que ante estas situaciones podemos encontrarnos con personas que puedan sufrir maltrato u accedan a someterse a realizar acciones negativas por contentar a otros. En las relaciones de pareja se evidencia la continua necesidad de saber que es amado, búsqueda incesante del candidato a pareja y selección precipitada del mismo, miedo a no ser querido, miedo a la pérdida de su pareja e ideas contradictorias sobre el amor.

Podemos encontrar tres grados de vinculación:

  • Vinculación afectiva adecuada: Amor sano, consistente en dar y recibir.
  • vinculación afectiva exagerada (por defecto): La persona es incapaz de establecer lazos con otras personas. Mostrándose fría, distante y hostil.
  • Vinculación afectiva exagerada (por exceso): Característico de la dependencia emocional. El vínculo que se establece con la pareja estaría desvirtuado por una excesiva necesidad de afecto, con el fin de compensar sus carencias afectivas.

Una persona con dependencia emocional se caracteriza por:

-Su felicidad centra en una sola persona.

-Su alegría depende de cómo le traten los demás y de lo que piensen de él.

– Evitación de enfrentamientos por temor a ser rechazado.

– Se antepone el deseo de otros, al suyo propio.

-Sólo se siente bien consigo mismo si se sientes querido

-EL sentimiento de culpa está a menudo presente. Siente que es responsable de la felicidad de los demás.

-Miedo a perder a las otras personas.

-Prefieren sufrir a dejar a la otra persona.

-Necesitan al otro.

-Hay tendencia de aislamiento social.

-La relación genera ansiedad. Una persona dependiente emocional puede dejar de serlo.

Para ello es importante el trabajo de la propia autoestima, potenciar y mejorar esta. Así mismo, es importante que la propia persona aprenda a estar sola. Hay que tener cuidado con este término, pues hay personas que pueden mostrar dependencia emocional y estar sufriendo situaciones de maltrato por lo que en este caso sería urgente el bienestar de esta persona mediante la actuación oportuna.

Betania Nze