Ansiedad: cuando la mente no puede descansar

La ansiedad es uno de los motivos de consulta más frecuentes actualmente, especialmente entre adultos de 25 a 40 años. En esta etapa de la vida, donde las responsabilidades y decisiones importantes se acumulan, es común sentir que la mente está en constante alerta, incluso cuando no existe un peligro real.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante una situación que percibe como amenazante. Nos prepara para actuar, concentrarnos y reaccionar. Sin embargo, cuando esta respuesta se vuelve intensa, frecuente o desproporcionada, puede interferir en el bienestar emocional, físico y social.

Algunos síntomas comunes incluyen:

  • Preocupación constante o dificultad para “desconectar” mentalmente.
  • Tensión muscular, sensación de opresión en el pecho o palpitaciones.
  • Dificultad para dormir o descansar adecuadamente.
  • Irritabilidad, sensación de pérdida de control o miedo sin motivo aparente.
  • Fatiga, problemas digestivos o sensación de “agotamiento emocional”.

¿Por qué hoy sentimos más ansiedad?

Entre los 25 y 40 años, la vida suele estar marcada por exigencias laborales, búsqueda de estabilidad, relaciones afectivas y presión social por “tenerlo todo bajo control”.

A esto se suma un entorno donde la inmediatez, la comparación constante y la sobreexposición digital incrementan la sensación de no estar a la altura o de vivir aceleradamente.

Nuestro cerebro no siempre logra adaptarse a ese ritmo. La consecuencia es una activación continua del sistema de alerta, que termina generando agotamiento, irritabilidad y síntomas de ansiedad crónica.

La ansiedad como mensaje, no como enemigo

Aunque la ansiedad puede resultar muy incómoda, no es un signo de debilidad, sino una señal de que algo necesita atención. Aprender a escucharla y comprender su origen es fundamental para recuperar el equilibrio.

En terapia, se trabaja no solo en reducir los síntomas, sino en identificar las causas que mantienen el malestar: pensamientos automáticos, exigencias personales, experiencias pasadas o patrones de afrontamiento poco saludables.

Estrategias que ayudan a manejar la ansiedad

Existen algunas prácticas que pueden complementar el proceso terapéutico:

  1. Respiración consciente y relajación muscular. Técnicas simples que ayudan a disminuir la activación fisiológica.
  2. Organizar rutinas. Estructurar el día aporta sensación de control y reduce la sobrecarga mental.
  3. Ejercicio físico regular. Favorece la liberación de endorfinas y mejora el descanso.
  4. Limitar la exposición a pantallas. Especialmente antes de dormir o cuando la mente se siente saturada.
  5. Dormir adecuadamente. El descanso es clave para regular las emociones.

Cuándo buscar ayuda profesional

Si sientes que la ansiedad te impide disfrutar de tus actividades diarias, afecta tus relaciones o tu rendimiento laboral, es momento de pedir ayuda.

La psicoterapia ofrece un espacio seguro para:

Puedes agendar tu primera cita aquí.

Cuando el comportamiento habla: la importancia de la psicoterapia en niños y adolescentes con dificultades de conducta

Ser padre no viene con manual de instrucciones, y cuando un hijo empieza a mostrar conductas desafiantes —rebeldía, impulsividad, agresividad, desobediencia o aislamiento— es normal que aparezcan la preocupación, la frustración y hasta la culpa. Y aquí es cuando muchos padres se preguntan:

“¿Será una etapa o algo más profundo?”

“¿Estoy haciendo algo mal?”

La realidad es que el comportamiento de los niños y adolescentes siempre comunica algo, aunque a veces no lo sepamos interpretar. Detrás de una rabieta, un portazo o una respuesta desafiante puede haber emociones no expresadas, dificultades para manejar la frustración, miedos o inseguridades que necesitan ser comprendidos.

La psicoterapia como espacio de comprensión y cambio

La psicoterapia infantil y adolescente busca entender qué hay detrás de de ésta conducta que consideramos problemática para poder intervenir sobre ella. A través del vínculo terapéutico, el profesional ayuda al menor a:

  • Reconocer y expresar sus emociones de forma más sana.
  • Desarrollar habilidades para resolver conflictos y comunicarse mejor.
  • Aumentar su autoestima y sentido de control sobre sí mismo.
  • Aprender estrategias para manejar la impulsividad, la frustración o la ira.

El trabajo terapéutico se adapta a la edad y las necesidades de cada niño: con los más pequeños, se utiliza el juego como vía de expresión; con los adolescentes, se trabaja desde un diálogo cercano y sin juicios que les permita sentirse escuchados y comprendidos.

El papel de la familia

La psicoterapia no solo implica al niño: los padres son una parte fundamental del proceso.

A través del acompañamiento y la orientación familiar, se ofrece a los cuidadores herramientas para:

  • Comprender el origen de las conductas problemáticas.
  • Establecer límites claros sin perder el vínculo afectivo.
  • Mejorar la comunicación y la convivencia en casa.
  • Reforzar los logros del niño o adolescente fuera del espacio terapéutico.

Cuando familia y terapeuta trabajan en equipo, los cambios son más sólidos y duraderos.

Pedir ayuda no es un fracaso, es un acto de cuidado,

Buscar apoyo psicológico no significa que algo esté “mal” con tu hijo, sino que quieres ayudarlo a crecer con más recursos emocionales.

Cuanto antes se intervenga, más fácil será prevenir que las conductas se consoliden y se conviertan en un patrón de sufrimiento o conflicto.

La psicoterapia ofrece un espacio seguro para que los niños y adolescentes aprendan a conocerse, gestionen mejor sus emociones y construyan relaciones más sanas consigo mismos y con los demás.

Y para los padres, es una oportunidad para recuperar la calma y sentirse acompañados en el proceso.

La conducta no es el problema, sino una forma de expresar lo que aún no se sabe decir con palabras.

En Ilitía Psicología, Psicólogos en Villaverde, Madrid, empleamos la psicoterapia para ayudar a traducir ese lenguaje emocional, fortalecer vínculos y construir un entorno donde el bienestar sea posible.

Betania Nze Montalbán.

Ansiedad: cuando luchar contra ella la hace más fuerte

Muchas personas que llegan a consulta describen la ansiedad como un enemigo que les invade y que deben expulsar de inmediato. La reacción más común es querer que desaparezca, pelear contra cada síntoma y forzarse a “no sentir”. Sin embargo, lo paradójico es que cuanto más intentamos no tener ansiedad, más presente se vuelve.

El círculo de la lucha

La ansiedad no es, en sí misma, algo “malo”. Es una respuesta natural de nuestro organismo que nos prepara para reaccionar frente a posibles amenazas. El problema aparece cuando empezamos a interpretarla como algo intolerable. Entonces, se inicia un círculo vicioso:

  1. Aparece la ansiedad.
  2. Reaccionamos con rechazo y lucha (“¡no debería sentir esto!”).
  3. Esa lucha añade más tensión y miedo.
  4. La ansiedad crece.

Lo que empezó como una señal del cuerpo se convierte en un estado de sufrimiento constante.

La metáfora del león

Imaginemos que un león entra en nuestra habitación. Nuestra reacción instintiva sería enfrentarlo o salir corriendo. Si tratamos de luchar contra él, lo más probable es que nos ataque. Pero si, en lugar de pelear, reconocemos su presencia y lo observamos con calma, sin provocarlo, nuestras probabilidades de sobrevivir aumentan.

La ansiedad funciona de manera parecida. Cuando luchamos contra ella, se intensifica, “nos muerde”. Cuando la tratamos con cierta amabilidad —reconociendo lo que sentimos, aceptando que está ahí sin juzgarnos—, poco a poco pierde fuerza. No desaparece de golpe, pero deja de devorarnos.

Ser amables con lo que sentimos

Aceptar la ansiedad no significa resignarse a vivir atrapados por ella. Significa dejar de gastar energía en la pelea, y empezar a relacionarnos con nuestras emociones de un modo más compasivo. Preguntarnos: “¿Qué me está intentando decir mi cuerpo? ¿Qué necesito ahora mismo?” puede abrir la puerta a un manejo más saludable.

Prácticas como la respiración consciente, la meditación o simplemente hablar de lo que sentimos con alguien de confianza ayudan a crear un espacio de amabilidad interior. Es desde ahí donde la ansiedad puede empezar a transformarse.

Un cambio de perspectiva

En lugar de pensar: “No quiero sentir ansiedad”, podemos probar con: “Ahora mismo estoy sintiendo ansiedad, y está bien que esté aquí. Puedo acompañarme con paciencia mientras pasa”. Ese pequeño cambio reduce la presión y, con el tiempo, nos devuelve la sensación de que tenemos más recursos que miedo.

 La ansiedad no se vence con fuerza bruta, sino con la suavidad de la aceptación. Igual que con el león, nuestra mejor opción no es luchar, sino aprender a convivir con su presencia hasta que pierda el interés en atacarnos.

En Ilitía Psicología, psicólogos en Madrid, Villaverde, podemos ayudarte.

Betania Nze Montalbán

Acompañar sin perderse: el equilibrio emocional en las relaciones de pareja


En toda relación de pareja sana es fundamental construir un espacio emocional donde ambos puedan sentirse acompañados. Sin embargo, es habitual que uno de los miembros termine asumiendo un rol que va más allá del apoyo: el de sostener emocionalmente al otro de forma constante, incluso a costa de su propio bienestar.

Esta dinámica, aunque a menudo surge desde el afecto y la buena voluntad, puede derivar en un desequilibrio profundo si no se establece un límite claro entre acompañar y cargar con las emociones del otro.


Apoyar no es cargar.
Apoyar a tu pareja significa estar presente, escuchar activamente, validar lo que siente y
ofrecer un espacio seguro. Pero no implica responsabilizarte de su estado emocional ni intentar solucionar lo que solo él o ella puede resolver por sí mismo/a. Cuando una persona se convierte en el principal sostén emocional de la otra, se genera una carga que a la larga puede traducirse en agotamiento, frustración o incluso pérdida de identidad. Este tipo de vínculo puede parecer, desde fuera, una expresión de amor incondicional. Sin embargo, el amor genuino no debería implicar dejarse de lado. El verdadero acompañamiento emocional implica respeto mutuo y cuidado compartido, no sacrificio constante.


La importancia del autocuidado en el vínculo.
Una relación saludable es aquella en la que ambos miembros pueden apoyarse mutuamente sin que uno quede relegado al rol de «cuidador». Para ello, es esencial cultivar el autocuidado: reconocer tus propias necesidades emocionales, saber poner límites y comunicarte de forma clara cuando algo comienza a sobrepasarte.
Poner tu bienestar en primer lugar no es egoísmo, es una condición necesaria para poder sostener una relación a largo plazo. Desde ese lugar de equilibrio interno, es posible ofrecer una presencia emocional genuina sin descuidarte.


Responsabilidad afectiva: estar presentes sin invadirnos.
La responsabilidad afectiva es un concepto clave en este contexto. Se refiere a la capacidad de ser conscientes del impacto emocional que tenemos en la otra persona, sin dejar de asumir la propia responsabilidad sobre nuestras emociones y límites. En lugar de volcarnos completamente en lo que el otro necesita, implica preguntarnos también qué necesitamos nosotros, y cómo podemos cuidar el vínculo sin que eso implique perdernos. Ser responsable afectivamente no significa resolver los conflictos del otro, sino estar disponible para acompañar su proceso, siempre desde un lugar compartido y justo. Es poder decir: “Estoy aquí para ti, pero también necesito cuidarme a mí.”


Encontrar el equilibrio
Ninguna relación está exenta de momentos difíciles. Habrá etapas en las que uno de los dos necesite más contención, y otras en las que los roles se inviertan. Pero cuando el desequilibrio se vuelve crónico —cuando siempre es uno quien sostiene y el otro quien es sostenido—, es necesario parar y revisar la dinámica.
Hacer preguntas como:

¿Estoy acompañando o me estoy sobrecargando?
¿Siento que puedo expresar mis límites sin miedo? ¿Estoy dejando de atender mis propias emociones por priorizar las del otro?


Estas reflexiones pueden ser el primer paso para recuperar el equilibrio y construir una relación más consciente, empática y sostenible.


Conclusión
Estar emocionalmente disponible no implica asumir un rol de salvador ni cargar con lo que no te corresponde. El acompañamiento verdadero se da cuando ambos miembros de la pareja pueden sostenerse mutuamente desde el respeto, la autonomía y el cuidado recíproco.
Aprender a acompañar sin anularse no solo es necesario para el bienestar individual, sino también para la salud del vínculo en el largo plazo. Porque solo desde el equilibrio emocional se puede construir un amor que no pese, sino que sostenga de verdad.

Marina Piqueras Torrico.

Verano en pareja: ¿Conexión o desconexión?

El verano suele asociarse con tiempo de descanso, desconexión, vacaciones y tiempo libre. Sin embargo, para muchas parejas, esta época del año representa un punto de inflexión: puede ser una oportunidad para fortalecer el vínculo o, por el contrario, poner en evidencia tensiones y conflictos que han pasado desapercibidos durante el año.

Las relaciones de pareja son un espacio complejo donde confluyen múltiples dimensiones: la emocional, la cognitiva, la conductual y, por supuesto, la historia personal de cada uno. El verano, al alterar rutinas y aumentar el tiempo compartido, actúa como un “acelerador emocional” que nos confronta con aspectos profundos del vínculo.

Tiempo juntos

Durante el año, muchas parejas transitan sus días en piloto automático: trabajo, hijos, tareas domésticas, compromisos. Las vacaciones interrumpen ese ritmo y abren espacio a la convivencia más consciente. Este cambio puede ser enriquecedor, pero también incómodo.

Al pasar más tiempo juntos, emergen dinámicas relacionales que habitualmente quedan soterradas bajo la rutina. Es frecuente que aparezcan temas pendientes: resentimientos no expresados, diferencias en la manera de disfrutar el tiempo libre, o necesidades emocionales insatisfechas.

Expectativas

En ocasiones, pueden generarse expectativas sobre la relación de pareja en las vacaciones deseadas que al no cumplirse, pueden derivar en frustración o decepción dentro de la pareja.

Es importante trabajar la conciencia emocional y la comunicación asertiva para alinear expectativas y validar emociones. No se trata de evitar el conflicto, sino de abordarlo desde una actitud de curiosidad, no de juicio.

Reconexión

El verano también puede ser una excelente oportunidad para reconectar con la pareja. Sin las presiones del día a día, hay más espacio para conversaciones profundas, para redescubrir intereses compartidos y para nutrir la intimidad.

Cuando el verano evidencia una crisis
En algunos casos, el verano no fortalece, sino que pone en evidencia una distancia emocional ya instalada. Si esto ocurre, no hay que interpretarlo como un fracaso, sino como un signo de que la relación necesita atención consciente.

Buscar acompañamiento terapéutico puede ayudar a transitar ese momento con más claridad, ya sea para reconstruir el vínculo o para tomar decisiones difíciles de forma más saludable y respetuosa.

Conclusión

El verano puede ser una ocasión para reconectar con nuestra pareja pero también para dar espacio a los problemas subyacentes. Las parejas que se permiten mirarse con honestidad y apertura pueden encontrar en este tiempo un recurso valioso para sanar, crecer y reconectar.

Desde Ilitía Psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid, entendemos que cada vínculo es único, y que las relaciones requieren presencia, cuidado y autoconocimiento, por ello brindamos el espacio necesario para poder acompañar a cada persona que lo necesite.

PRESIÓN SOCIAL E IDENTIDAD EN LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa vital marcada por la transformación, la búsqueda y el descubrimiento de uno mismo. En este proceso, la identidad personal se convierte en un pilar esencial del desarrollo psicológico, emocional y social del individuo. Sin embargo, este proceso de desarrollo puede verse afectado por la presión social.

La presión social es aquello que sentimos cuando hacemos o dejamos de hacer algo por miedo a no encajar, a que no nos acepten, o a parecer diferentes al resto. En este contexto, el grupo de amigos empieza a tener más peso que los padres, y ser parte de algo, sentir que perteneces a un grupo, es una necesidad muy fuerte. Pero el problema comienza cuando para encajar dejamos de ser nosotros mismos.

Durante la adolescencia, tratamos de entender quiénes somos, qué nos gusta, qué pensamos, cómo queremos vestir, qué soñamos… Pero en ese camino, si prestamos más atención a la opinión de los demás, podemos acabar imitando la personalidad de quienes consideramos un referente en lugar de conocernos a fondo y ser quienes realmente queremos ser, lo que puede generar ansiedad, confusión e inseguridades.

Algunos factores que intensifican esta presión social son los siguientes:

  • Redes sociales: llevan a una comparación constante con ideales casi inalcanzables que crean ansiedad, baja autoestima y una sensación de deber encajar en ciertos estándares de belleza, éxito o popularidad.
  • Miedo al rechazo: el hecho de no ser aceptado hace que muchos adolescentes cedan ante conductas grupales que realmente no les representan o ni siquiera les agradan.
  • Familia y entorno cultural: las expectativas familiares, escolares o sociales también pueden condicionar la forma en la que el adolescente se percibe a sí mismo y toma decisiones.

De esta manera, cuando la presión social influye de manera considerable en el proceso de construcción de identidad, los adolescentes pueden experimentar pérdida de autenticidad, baja autoestima, confusión interna, dificultades para tomar decisiones personales, o desarrollar una identidad prestada, basada en lo que otros esperan de ellos. En los casos más severos, esta desconexión interna puede derivar en problemas emocionales, trastornos de ansiedad o depresión.

Por lo tanto, para que la presión social no interfiera en el proceso de desarrollo de la identidad, se debe fomentar la autonomía y el pensamiento crítico. Así, el acompañamiento emocional y crear espacios seguros para la expresión personal son claves para que los adolescentes vivan esta etapa sin perder su esencia. Además, también sería conveniente educar en autoestima y asertividad, valorar la diferencia y la autenticidad como fortalezas o fomentar modelos positivos de individualidad y respeto.

Desde Ilitía Psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid, podemos ayudaros en este proceso.

Ana Martín de Ruedas

IMPULSIVIDAD, BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN Y REDES SOCIALES: UNA COMBINACIÓN EXPLOSIVA EN ADOLESCENTES.

La adolescencia es una etapa de cambios físicos, psicológicos y sociales intensos. Durante este periodo de tiempo, los jóvenes se enfrentan a retos académicos, familiares y sociales. Estos retos requieren del desarrollo de habilidades que contribuyan a gestionar el estrés, resolver problemas y manejar emociones.

Además, el cerebro de un adolescente sigue en proceso de maduración, lo que afecta, entre otros aspectos, a las áreas encargadas del autocontrol. El conjunto de estos factores hace que los adolescentes puedan ser más impulsivos y presenten una menor tolerancia a la frustración.

Las redes sociales juegan un papel importante en sus vidas, pueden llegar a pasar horas conectados. La suma de la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración y el uso excesivo de las redes sociales puede generar consecuencias negativas y dificultar la adquisición de habilidades necesarias para su crecimiento y desarrollo.

La impulsividad se define como la tendencia a actuar de manera rápida y sin reflexión previa, a menudo sin tener en cuenta las consecuencias de las acciones. Durante la adolescencia, debido a diferentes cambios que se producen a nivel cerebral y hormonal, los chicos y chicas pueden ser más propensos a llevar a cabo comportamientos arriesgados y tomar decisiones impulsivas.

La baja tolerancia a la frustración, por otro lado, se refiere a la dificultad para manejar situaciones que no se desarrollan según las expectativas de la persona. Esto puede generar reacciones desproporcionadas ante pequeños contratiempos y cierta tendencia a evitar situaciones complejas o estresantes. La baja tolerancia a la frustración en los más jóvenes puede estar relacionada a una necesidad de recompensa inmediata o con la falta de estrategias para la regulación emocional.

El uso de las redes sociales ha transformado la manera en que los adolescentes interactúan con el mundo y entre ellos. Éstas, ofrecen recompensas fáciles y rápidas a través de «me gusta» y comentarios, lo que puede favorecer una tendencia a realizar conductas impulsivas. La necesidad de aprobación por parte de sus iguales y la comparación constante con los demás pueden aumentar la insatisfacción consigo mismos y la ansiedad.

Además, el contenido de las redes sociales está diseñado para captar y mantener la atención, lo que puede dificultar la capacidad de los adolescentes para concentrarse en tareas que requieren más esfuerzo y paciencia. Esta exposición constante a estímulos rápidos y recompensas inmediatas puede reducir aún más la tolerancia a la frustración, ya que los adolescentes pueden esperar que las recompensas en la vida real sean tan rápidas como en el entorno.

La combinación de la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración y el uso excesivo de las redes sociales crea un círculo vicioso en el que los adolescentes se ven atrapados.

Esto no solo afecta su bienestar emocional, sino también al desarrollo de habilidades sociales, académicas y de resolución de conflictos.

Es fundamental que tanto los propios adolescentes como sus padres comprendan cómo funciona su cerebro y cómo las redes sociales pueden influir en su comportamiento.

La educación sobre el autocontrol y la regulación emocional puede ser un primer paso crucial.

Las técnicas de regulación emocional ayudan a manejar emociones y pueden contribuir a gestionar situaciones complejas.

Algunas de estas técnicas son la respiración profunda, el “mindfulness” o conseguir cambiar pensamientos que dificulten la adaptación social y familiar por otros que ayuden al adolescente a ajustar sus emociones, expectativas y creencias de la realidad.

El trabajo de autocontrol con diferentes ejercicios que promuevan una toma de decisiones reflexiva, y el control de impulsos, previene que el adolescente lleve a cabo acciones sin tener en cuenta sus consecuencias y repercusiones.

Por último, la gestión de tiempo y establecimiento de límites sobre el uso de dispositivos móviles y redes sociales son esenciales para que el trabajo en control de impulsos y tolerancia a la frustración sea eficiente.

La adolescencia es una etapa compleja. La impulsividad o la baja tolerancia a la frustración en combinación con los efectos negativos de las redes sociales pueden afectar al desarrollo personal y de habilidades en los más jóvenes.

Si crees que tu hijo o hija, o tú mismo necesitas trabajar alguno de estos aspectos, en Ilitía Psicología estaremos encantados de acompañarte en este proceso.

María Suárez Gómez.

Comprender el amor en tu pareja: El Modelo de Sternberg

¿Has sentido cómo tu relación cambia con el tiempo?

El Triángulo de la experiencia amorosa de Sternberg explica cómo la intimidad, la pasión y el compromiso influyen en el amor a lo largo de la relación. Entender estos componentes puede ayudarte a fortalecer tu vínculo y a enfrentar los altibajos juntos. A medida que una relación avanza, la combinación de estos factores cambia, dando lugar a diferentes tipos de amor y fases de la relación.

Los tres componentes del amor:

1. Intimidad: Representa la conexión emocional, la cercanía, la confianza y el apoyo mutuo. Es la base de la relación profunda y afectiva.

2. Pasión: Hace referencia a la atracción física, el deseo sexual y la excitación emocional que genera la atracción romántica.

3. Compromiso: Es la decisión consciente de mantener la relación a largo plazo, superar los desafíos y seguir adelante juntos.

Tipos de amor:

1. Amor romántico 

Componentes de amor implicados: Intimidad + Pasión

Ejemplo relación: Una pareja que acaba de empezar a salir, disfrutando de la atracción física y emocional, pero aún sin un compromiso firme.
Es común en las primeras etapas del enamoramiento o la «luna de miel», cuando aún no hay un compromiso firme a largo plazo.

2. Amor compañero

Componentes de amor implicados: Intimidad + Compromiso
Ejemplo relación: Parejas de muchos años que han superado crisis y comparten una vida juntos, pero la pasión ha disminuido.

Es característico de relaciones estables a largo plazo, donde la intimidad y el compromiso prevalecen, pero la emoción inicial de la pasión ha disminuido.

3. Amor fatuo

Componentes de amor implicados: Pasión + Compromiso

Ejemplo relación: Una pareja que se compromete rápidamente, sin conocer bien los deseos y valores del otro. 

Es común cuando las decisiones se toman rápidamente, basadas en la atracción física, pero sin una conexión emocional sólida.

4. Amor vacío 

Componentes de amor implicados: Compromiso
Ejemplo relación: Parejas que permanecen juntas por razones prácticas (familia, seguridad financiera), pero ya no comparten una conexión emocional ni física significativa.

Relaciones estancadas, donde solo el compromiso persiste, sin intimidad ni pasión.

5. Amor consummado

Componentes de amor implicados: Intimidad + Pasión + Compromiso
Ejemplo relación: Parejas maduras que mantienen una conexión emocional profunda, disfrutan de la atracción física y están firmemente comprometidos.

Este es el tipo de amor ideal, donde los tres componentes están equilibrados.

6. Amor ncorrespondido 

Componentes de amor implicados: Ausencia de Todos los Componentes.

Ejemplo relación: Una relación que nunca creció más allá de la conveniencia o que ya ha fallado en todos los aspectos.

En este tipo de relación, no hay ni intimidad, ni pasión, ni compromiso. Suele surgir cuando la relación no ha crecido o ha fallado en todas las áreas clave.

Cómo evoluciona el amor 

A medida que una relación progresa, la intensidad y presencia de los tres componentes cambia. En las primeras etapas, como el enamoramiento, la pasión predomina, pero a medida que la pareja se conoce mejor y se compromete más, la intimidad y el compromiso aumentan. En momentos de crisis, si no se gestionan bien los conflictos, la relación puede pasar a un amor vacío, donde solo el compromiso permanece. Sin embargo, si ambos superan las dificultades y redescubren su conexión, pueden llegar a experimentar un amor consumado, donde los tres elementos están en equilibrio.

Conclusión

El Triángulo de la Experiencia Amorosa de Sternberg nos ayuda a entender cómo varía el amor a lo largo del tiempo y cómo las relaciones pueden evolucionar. Identificar las dinámicas de intimidad, pasión y compromiso permite a las parejas tomar decisiones para fortalecer su relación y superar los desafíos que surgen en su camino. Si quieres comprender mejor lo que está sucediendo en tu relación y cómo fortalecer la conexión a largo plazo, en Ilitia Psicología tenemos terapeutas especializados en ello.

Marina Piqueras Torrico

Rabietas infantiles: Guía para acompañar y enseñar.

Las rabietas son una parte natural del desarrollo infantil. Son momentos intensos que reflejan emociones que los niños aún no saben gestionar. Aunque pueden ser desafiantes para los padres, también representan una valiosa oportunidad para enseñar habilidades emocionales y fortalecer el vínculo con los hijos. Sin embargo, ser el soporte emocional de un hijo no significa asumir toda la responsabilidad de sus emociones, sino guiarlo para que aprenda a manejarlas. Aquí, compartimos cómo hacerlo de manera efectiva.

1. Permite que tu hijo sienta sus emociones

Para que los niños crezcan emocionalmente independientes, necesitan vivir y experimentar sus emociones. Tu papel no es evitar que se sientan frustrados, tristes o enfadados, sino acompañarlos mientras atraviesan esas emociones. 

Por ejemplo: «Entiendo que te sientas muy molesto porque querías seguir jugando. Está bien sentirse así.»

Al validar lo que siente, le enseñas que las emociones son normales y necesarias, y que no hay nada malo en experimentarlas.

2. Sé un modelo de regulación emocional

Los niños aprenden observando a los adultos. Mantener la calma durante una rabieta les enseña cómo gestionar emociones intensas. Esto no significa que debas resolver el problema por ellos, sino que seas un ejemplo de serenidad y autocontrol.

Por ejemplo: Si tu hija empieza a gritar porque no quiere recoger los juguetes, en lugar de reaccionar con enojo, respira hondo y dile: «Sé que no quieres recoger ahora porque estabas divirtiéndote mucho, pero es importante que guardemos las cosas.”

Tu actitud le muestra que las emociones pueden manejarse con calma y respeto.

3. Desaprobar la conducta, no al niño

Es fundamental dejar claro que lo que está mal es el comportamiento, no el niño como persona. Esto protege su autoestima mientras les ayudas a comprender las normas. 

Por ejemplo: En lugar de decir: «Eres malo por empujar,»
Di: «Empujar no está bien. Aquí usamos las manos para ayudar, no para hacer daño.»

Esto les permite reconocer el error sin sentirse etiquetados de manera negativa.

4. Expresar normas de forma positiva

Los límites son necesarios, pero cómo los comunicamos puede marcar la diferencia. En lugar de decir lo que no deben hacer, diles lo que sí deben hacer y por qué. 

Por ejemplo: En lugar de: «No grites,»
Di: «Hablemos en voz baja para que podamos entendernos mejor.»

Este enfoque ayuda a los niños a interiorizar las normas de una forma constructiva.

5. No intervengas de inmediato; observa señales de contacto

Permite que pase por la emoción, dale espacio, pero mantente cerca para ofrecer apoyo si lo necesita. Cuando busque contacto contigo, ya sea mirándote, levantando los brazos o acercándose, aprovecha para intervenir con calma y empatía. No se trata de resolver la situación por ellos, sino de guiarlos y estar presente. 

Por ejemplo: Si tu hijo está llorando en el suelo, quédate a una distancia corta (unos dos metros) y observa. Cuando busque contacto, acércate y ofrécele consuelo:
«Estoy aquí contigo. Sé que es difícil. ¿Quieres un abrazo?»

Este enfoque enseña que las emociones son pasajeras y que tú estarás ahí para guiarlo, pero no para eliminar sus sentimientos.

6. Comunicación y amor incondicional

Después de que la rabieta pase, refuerza el límite y recuerda a tu hijo que el amor no depende de su comportamiento. 

Por ejemplo: «Te enfadaste porque no querías irte del parque, pero era momento de irnos. Aunque te sientas así, siempre te querré y estoy aquí para ayudarte.»

Este mensaje reafirma su seguridad emocional y refuerza el aprendizaje de las normas.

Recuerda, ser el soporte emocional de tu hijo no significa cargar con sus emociones ni resolver todo por ellos. Es ser una guía que les acompaña y enseña a manejar sus emociones de forma sana. Las rabietas son desafíos temporales, pero el aprendizaje emocional que surge de ellas es duradero. Si quieres que tu hijo crezca con las herramientas necesarias para enfrentar el mundo, en Ilitia Psicología estaremos encantados de atenderte. 

Marina Piqueras Torrico

Guía para padres: establecer límites para los niños

Establecer límites es una de las tareas más importantes en la crianza de nuestros hijos. Los límites no solo son reglas o restricciones, sino herramientas esenciales para guiar el comportamiento de los niños. Desde temprana edad, los niños necesitan entender qué es aceptable y qué no lo es. Los límites proporcionan seguridad, ya que crean un ambiente estructurado donde el niño sabe lo que se espera de él y las consecuencias de sus acciones. Esta claridad les permite sentir control en su entorno y, a medida que crecen, les enseña responsabilidad y autocontrol.

Los límites también son cruciales para el desarrollo de habilidades sociales. Al aprender a respetar las normas, los niños internalizan valores como el respeto, la empatía y la cooperación, que son esenciales para interactuar con otros en la escuela y más adelante en la vida.

Pautas clave para poner límites de forma efectiva:

1. Firmeza y tranquilidad

Mantén la calma, pero se firme.

La firmeza demuestra al niño que las reglas son importantes y deben ser respetadas, mientras que la calma ayuda a evitar que la situación se convierta en un conflicto emocional. Cuando los niños ven que los padres mantienen su compostura, aprenden a manejar sus propias emociones y a aceptar las reglas sin resistencia.

2. Desaprobar la conducta, no al niño

Dile que la acción está mal, no que él/ella es malo/a.

Como padres es esencial que hagamos una distinción clara entre la conducta y la personalidad del niño. En lugar de decir “Eres un niño malo” cuando el niño hace algo inapropiado, es mejor decir “Eso no está bien” o “Esa conducta no es aceptable”. De esta manera, el niño entiende que el comportamiento no es apropiado, pero su valor como persona no está en duda. Este enfoque fomenta una autoestima positiva mientras se refuerzan los límites.

3. Explicar las normas de forma positiva

Comunica los límites de manera positiva.

No tenemos que enfocarnos solo en lo que no puede hacer, es mejor comunicar las normas de manera positiva. Por ejemplo, en vez de decir “No corras dentro de la casa”, podemos decir “Dentro de la casa caminamos con cuidado”. Este enfoque no solo indica lo que está prohibido, sino también lo que se espera de manera clara y comprensible.

4. Explicar el porqué de las normas

Hazle entender la razón detrás de cada norma.

Los niños son más propensos a aceptar las reglas cuando entienden por qué existen. Explicar de manera simple y adecuada a su edad el motivo detrás de las normas les ayuda a internalizarlas.

4. Consistencia y paciencia

La consistencia es crucial para que los límites sean efectivos. Los niños necesitan saber que las reglas no cambian constantemente, y que siempre hay consecuencias por no seguirlas. Si un límite se establece, debe mantenerse de manera constante para evitar confusión. Además, la paciencia es vital. Los niños no aprenderán a respetar los límites de inmediato, por lo que los padres deben estar preparados para ser firmes, pero comprensivos a lo largo del proceso.

5. El equilibrio entre límites y afecto

Poner límites no debe ser sinónimo de ser estrictos o distantes. Los padres también deben demostrar afecto y cariño a sus hijos. Después de aplicar un límite, es importante ofrecer apoyo emocional, explicando que el amor y la aceptación no dependen de que sigan todas las reglas a la perfección. Este equilibrio asegura que el niño se sienta seguro y amado, mientras aprende a comportarse de manera adecuada.

Conclusión

Establecer límites claros y consistentes es una parte fundamental de la crianza. Ayudan a los niños a sentirse seguros, a desarrollar habilidades sociales, y a aprender a tomar decisiones responsables.  Si quieres aprender a seguir estas pautas puedes visitarnos en Ilitia psicología, psicólogos en Villaverde, Madrid.

Marina Piqueras Torrico