
Muchas personas que llegan a consulta describen la ansiedad como un enemigo que les invade y que deben expulsar de inmediato. La reacción más común es querer que desaparezca, pelear contra cada síntoma y forzarse a “no sentir”. Sin embargo, lo paradójico es que cuanto más intentamos no tener ansiedad, más presente se vuelve.
El círculo de la lucha
La ansiedad no es, en sí misma, algo “malo”. Es una respuesta natural de nuestro organismo que nos prepara para reaccionar frente a posibles amenazas. El problema aparece cuando empezamos a interpretarla como algo intolerable. Entonces, se inicia un círculo vicioso:
- Aparece la ansiedad.
- Reaccionamos con rechazo y lucha (“¡no debería sentir esto!”).
- Esa lucha añade más tensión y miedo.
- La ansiedad crece.
Lo que empezó como una señal del cuerpo se convierte en un estado de sufrimiento constante.
La metáfora del león
Imaginemos que un león entra en nuestra habitación. Nuestra reacción instintiva sería enfrentarlo o salir corriendo. Si tratamos de luchar contra él, lo más probable es que nos ataque. Pero si, en lugar de pelear, reconocemos su presencia y lo observamos con calma, sin provocarlo, nuestras probabilidades de sobrevivir aumentan.
La ansiedad funciona de manera parecida. Cuando luchamos contra ella, se intensifica, “nos muerde”. Cuando la tratamos con cierta amabilidad —reconociendo lo que sentimos, aceptando que está ahí sin juzgarnos—, poco a poco pierde fuerza. No desaparece de golpe, pero deja de devorarnos.
Ser amables con lo que sentimos
Aceptar la ansiedad no significa resignarse a vivir atrapados por ella. Significa dejar de gastar energía en la pelea, y empezar a relacionarnos con nuestras emociones de un modo más compasivo. Preguntarnos: “¿Qué me está intentando decir mi cuerpo? ¿Qué necesito ahora mismo?” puede abrir la puerta a un manejo más saludable.
Prácticas como la respiración consciente, la meditación o simplemente hablar de lo que sentimos con alguien de confianza ayudan a crear un espacio de amabilidad interior. Es desde ahí donde la ansiedad puede empezar a transformarse.
Un cambio de perspectiva
En lugar de pensar: “No quiero sentir ansiedad”, podemos probar con: “Ahora mismo estoy sintiendo ansiedad, y está bien que esté aquí. Puedo acompañarme con paciencia mientras pasa”. Ese pequeño cambio reduce la presión y, con el tiempo, nos devuelve la sensación de que tenemos más recursos que miedo.
La ansiedad no se vence con fuerza bruta, sino con la suavidad de la aceptación. Igual que con el león, nuestra mejor opción no es luchar, sino aprender a convivir con su presencia hasta que pierda el interés en atacarnos.
En Ilitía Psicología, psicólogos en Madrid, Villaverde, podemos ayudarte.
Betania Nze Montalbán










