Más allá del espejo: construir bienestar para prevenir los TCA.

 Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son una problemática cada vez más frecuente. Se manifiestan como alteraciones de la conducta alimentaria relacionadas con los intentos de una persona por controlar su peso o su figura corporal, pero son mucho más que eso: con frecuencia funcionan como una forma de comunicar el malestar emocional. La restricción, los atracones o las conductas compensatorias pueden aparecer como respuestas aprendidas ante la dificultad para expresar en palabras ese malestar. Afectan la manera en que nos relacionamos con la comida y con nosotros/as mismos/as, y pueden empezar a gestarse a raíz de pequeñas acciones o comentarios del día a día.

Hay muchísimos factores que intervienen en esta problemática. Todos merecen ser tenidos en cuenta, pero en este artículo no podemos abordar tanto. Por ello, nos centraremos en reflexionar sobre qué pequeñas cosas podemos hacer cuando nos relacionamos con el resto y con nosotros/as mismos/as. ¿Cómo podemos construir relaciones más sanas con nuestro cuerpo y con la comida? ¿Y cómo contribuir a que las demás personas también las tengan? De una forma parecida a reciclar: si todas aportamos nuestro granito de arena, podemos fomentar una manera más adecuada de relacionarnos con el mundo.

¿Qué tipos de cumplidos hacemos?

Podemos reforzar a las personas por cómo son y por todo lo que tiene que ver con su personalidad, habilidades y valores, en lugar de centrarnos en su apariencia física. Estamos muy acostumbradas a comentarios como: “¡Ay, estás más delgada, qué guapa!” o “Deberías comer más, que estás muy flaco”. En la mayoría de los casos estos comentarios no tienen ningún tipo de maldad, pero sin darnos cuenta, estamos asociando delgadez con belleza y reforzando el miedo a ganar peso. Es importante que, sobre todo los jóvenes, que son una población vulnerable a esta problemática, aprendan que su valor no se mide por su cuerpo, sino por lo que son y hacen.

Por tanto, sería más útil hacer cumplidos como: “Haces que los chistes sean muy graciosos”, “Tienes muy buenas ideas” o “Estoy orgulloso/a de ti, espero que tú también lo estés”. ¿Qué comentarios hacemos sobre la comida y los alimentos?

La manera en que hablamos de la comida importa más de lo que parece. Fomentar una alimentación saludable, equilibrada y variada no significa demonizar alimentos. Los nutrientes que necesita nuestro cuerpo se dividen en cinco grupos: hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales, y ningún alimento los contiene todos. Por eso la clave no está en eliminar ni restringir, sino en combinar. Sin embargo, vivimos rodeadas de dietas y mensajes que señalan algunos alimentos como “malos”, por ejemplo, los hidratos de carbono, que arrastran una mala fama inmerecida. Cuando decimos frases como: «No comas eso que engorda», transmitimos culpa y miedo alrededor de la comida. En su lugar, podemos ofrecer mensajes más saludables como: “Todos los alimentos nos aportan algo, lo importante es equilibrar lo que comemos y disfrutarlo cuando lo hacemos”.

La alimentación como actividad social.

Comer más un día no significa que al siguiente haya que saltarse comidas o hacer ejercicio extra como castigo. Tratemos de no fomentar conductas compensatorias después de comidas especiales o alimentos más calóricos. Un día es un día y la flexibilidad forma parte de una relación sana con la comida. Además, no olvidemos que comer no es solo nutrirse: también es compartir. La alimentación tiene una dimensión social muy importante. De hecho, comer en familia se ha identificado como un factor protector frente a los TCA. La comida puede ser una actividad de ocio más: quedar para cenar, celebrar algo, cocinar juntos… El contenido que consumimos.

No solo importa lo que comemos, también importa la información que “consumimos”. Vivimos rodeadas de dietas, medicamentos y soluciones “milagro”. Parémonos a preguntarnos: ¿quién está detrás de este mensaje? ¿qué me están intentando vender? Normalmente, estos productos de milagro no tienen nada. En cambio, suelen generar expectativas poco realistas y promover prácticas perjudiciales para la salud física y psicológica. Frente a eso, podemos optar por buscar información en profesionales colegiados que hablen de nutrición con base en la evidencia, en vez de en revistas sensacionalistas. Un ejemplo de este tipo de divulgación lo encontramos en el contenido de Sofía Giaquinta, conocida en redes sociales como @sofiagiaquinta_nutricion.

Las redes sociales.

Acabamos de ver que el contenido que consumimos influye en nuestra relación con la comida. En redes sociales este impacto se multiplica, pues vivimos en una sociedad con un bombardeo constante de información, por eso el pensamiento crítico se convierte en una herramienta fundamental para proteger nuestra salud psicológica. Las redes sociales como Instagram o TikTok muestran con frecuencia imágenes idealizadas y poco realistas de los cuerpos, lo que favorece que nos comparemos. A veces, incluso sabiendo que una gran cantidad de imágenes están retocadas o son poco realistas, tendemos a compararnos de manera inevitable. Esto puede generar inseguridad e insatisfacción corporal. Por eso es importante preguntarnos: ¿a quién sigo y por qué? ¿Cómo me hace sentir el contenido que consumo? Seguir y compartir a personas que transmiten mensajes realistas puede marcar una gran diferencia. Esta vez te recomiendo la cuenta de Lucía Aguado, conocida en redes sociales como @thesaiyankiwi.

Fomentar actividad física por bienestar, no por estética.

La actividad física es salud, pero no deberíamos realizarla únicamente para cambiar nuestra apariencia. Hemos de recordar que el deporte es mucho más amplio que una sala de máquinas y que podemos hacer ejercicio sin intención de modificar partes concretas de nuestro cuerpo. Cuando la actividad física se convierte en una herramienta para cambiar el cuerpo puede resultar aburrida o incluso volverse un castigo, lo que hace que muchas personas la abandonen. El ejercicio debería proporcionarnos bienestar, no presión. Quizás lo tuyo sea el pádel, andar, bailar, practicar yoga, nadar… La clave está en encontrar algo que realmente te guste, que te haga sentir bien y que puedas sostener en el tiempo. Te invito a buscar grupos o espacios donde practicar ese deporte que siempre te ha llamado la atención. Puedes empezar preguntando en el centro cultural más cercano o en las asociaciones de tu barrio.

Body positive.

¿Qué significa esto? Favorecer una imagen corporal positiva significa separar el valor de la persona de su apariencia. Todas las personas tenemos derecho a ser queridas independientemente de nuestro aspecto físico. Vivimos en un cuerpo que nos permite levantarnos, abrazar, movernos y disfrutar de aquello que más nos gusta. Igual que cambiamos a lo largo de la vida, nuestro cuerpo también cambia, pero sigue siendo el nuestro: tratémoslo con respeto y cuidémoslo, no desde la exigencia, sino desde la atención y la gratitud.

Te invito a reflexionar sobre estos hábitos y gestos. Pequeños cambios en nuestra vida cotidiana: un cumplido distinto, seguir a un influencer que transmite mensajes más realistas, reconciliarte con ese alimento que temes… son un gran paso.

Tratemos de construir una relación más sana con la comida y con nuestro cuerpo, pues todos merecemos tratarnos, y ser tratados, con respeto.

REFERENCIAS:

https://www.quironsalud.com/ruber-internacional/es/blog-ciencia-saludbienestar/vida-saludable/prevencion-trastornos-conducta-alimentaria-tca https://www.dhpsicologia.es/trastornos-de-la-conducta-alimentaria-tca-significadoemocional-tipos-y-tratamiento/

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